Siempre creí que lo que me daba miedo era no gustar, que nadie me quisiera, fracasar y todo un largo etcétera de carencias que pudiesen suceder. Y era tras la excusa de ese miedo al rechazo y a no ser suficiente, donde me escondía para no conocer chicos, no profundizar en relaciones, no arriesgarme en proyectos, no arreglarme… Y es verdad que en ciertas situaciones ese miedo es real, existe, por ejemplo, cuando voy a la playa y tengo que quitarme la ropa y me aterroriza lo que los demás puedan estar pensando de mis caderas llenas de celulitis o mi tripa que es de todo menos plana. Pero en realidad, aunque eso duele y me da miedo, no es el miedo que me paraliza…
Hace tiempo que, tras un proceso de crecimiento personal, descubrí que el miedo más atroz, el miedo que me paraliza, que hace que no me lance con los proyectos que quiero llevar a cabo, que hace que no quiera arreglarme, que me impedía establecer relaciones con chicos que se interesaban en mí, o que me impide posar para fotógrafos como ya me han pedido muchas veces, es lo doloroso que me resulta que me miren, que me deseen, gustar… que me quieran… miedo a brillar. Suena absurdo si uno lo piensa con lógica… pero como siempre pasa, las cosas de las emociones son eso… emociones, no son lógicas.
Cuando me di cuenta de esto, me di cuenta de cuánto, cuánto, cuánto me enfadaba que mi hoy marido, entonces novio, me dijera «te quiero»… Sí, sí… me enfadaba! (bueno, aún pasa a veces, cambiar estas cosas es proceso leeeeentoooo…). Le cortaba rápido, le decía que no me dijera esas cosas, le cambiaba de tema… y si insistía, empezaba a ponerme borde para que parara… pero ese enfado, no era enfado en realidad, en el fondo había dolor, un dolor demasiado grande, punzante, asfixiante… me dolía que alguien pudiese quererme!!! Dios… descubrir esto fue tan duro… toda la vida deseando que alguien llegara a quererme con cada célula… y cuando llegaba, no lo quería, me hacía daño, me dolía, me enfadaba… De locos!!!
Me ha costado mucho procesarlo y entenderlo, y sobre todo aceptarlo, aceptar que no quería permitir que nadie me pudiese querer, aunque fuese lo que más deseaba en el mundo. Me he criado siendo la gorda de la familia, la menos guapa (por no decir la fea), la más seria, la menos simpática, la introvertida… porque había otras que eran las delgadas, las guapas, las risueñas, agradables, simpáticas… y esa imagen es la que se ha ido reproduciendo (o quizá he sido yo la que la reproducía??) allá donde fuese, el cole, los amigos, el instituto, la universidad, el trabajo… la gorda, tímida y desaliñada del grupo que nada conseguirá en la vida porque no vale. Y de repente un día, alguien me mira y me dice que le gusto… (y no, no sólo hablo de mi ya marido, ha habido otros… no es que sean cientos, pero bueno)… y yo me quedo con cara de escéptica-asombrada-cabreada… y lo único que soy capaz de decir es que se cachondee de su padre. ¿En serio? después de toda una puñetera vida asumiendo que soy la piltrafa más inútil de la existencia humana… va a venir ahora éste/a y me va a decir que le gusto? venga hombre!!! una de dos… o se está cachondeando de mí, o es que realmente no me ha visto bien… Y de ahí, a toda una listita de personas que alguna vez se interesaron por mí en un plano sexual o amoroso y a los que nunca fui capaz de creer… porque ¿y si de verdad yo les gustaba, y si de verdad me podrían querer?… Qué iba a hacer entonces?? quién era yo?? algo malo tenía que pasar… si a mí no me ha querido nadie!! si yo no le gustaba a nadie!! si hasta mis padres preferían a las otras… y ya hemos entrado en pánico. Así que, portazo y poco a poco a desaparecer o a hacer que el otro quiera irse. Al fin y al cabo, llevo sola toda la vida, y ahí es dónde sé moverme.
Por suerte, llegó a mi vida mi hoy ya marido. durante años (sí, digo bien, años), todo fue este caos de quiero que me quieras pero si me quieres ya no quiero… un caos de emociones, de sentirme querida (y eso es agradable) y a la vez querer escapar porque era demasiado para mí… hice de todo (obviamente, no era consciente de que estaba haciendo esas cosas por estos motivos, pero el automático del miedo salta y funciona por sí sólo), para que esa relación se terminase, incluso casi serle infiel… iba a hacerlo, pero algo ocurrió y no pude acudir a la cita… saboteé la relación de mil maneras… pero él aguantó, siguió ahí, me demostró cada minuto que no pensaba renunciar, que no iba a irse, que era absolutamente real lo que sentía por mí y no me iba a dejar arruinar la relación.
Aún hoy, después de 10 años juntos, hay épocas en que me asusta que alguien me quiera por lo que soy, por ser como soy (no a pesar de lo que soy)… todavía hay noches que me cuesta quitarme la ropa y que él me mire y sentir que me mira con deseo… pero no voy a dejar que mi miedo arruine esto… porque me lo MEREZCO. Y es que de esto va todo. Crecí creyendo que no me merecía nada bueno que pudiese pasarme, que no me merecía cariño, ni mucho menos amor. Y señoras y señores… Me lo merezco todo!!!! (aunque me cueste creérmelo aún). Pero sé que es verdad… me lo merezco todo. El que no supo ver o demostrarme en su día que soy maravillosa y que no tengo que ser nada más que lo que soy para ser fantástica, es su problema, es él (o ella) quien no es capaz de ver la belleza que tiene delante, no es mi problema, no es que yo sea defectuosa, es que tú no ves más allá de tus narices.
