Puede sonar exagerado pero es así.
Nadie me ha dicho nunca que me quiere. Ni mis padres, ni mi familia, ni mis amigos, ni por supuesto ningún hombre.
He sentido cariño. Abrazos, gestos bonitos, alguna palabra amable… pero nunca esas dos palabras juntas. Y cada vez que lo pienso me entra una tristeza muy rara, como si me faltara algo que debería ser básico en la vida.
Cuando era pequeña veía cómo mis amigas se despedían de sus padres con un te quiero y pensaba que en mi casa eso no existía. No porque me trataran mal, sino porque había distancia emocional, como si el afecto se demostrara con cosas prácticas: comida, abrigo, notas del cole, ropa limpia.
Luego creces y piensas que ya te lo dirá alguien, que llegará una persona que te mire y te lo diga
Pero no.
Ahora tengo más de treinta años y me doy cuenta de que nadie lo ha dicho nunca. Nadie.
Y duele. No porque necesite que me lo digan cada día, sino porque me gustaría saber lo que se siente al escucharlo.
A veces pienso que igual soy yo, que doy una imagen fría que no inspiro eso en nadie.
Otras veces creo que hay más gente como yo, personas que nunca han oído un te quiero sincero.
Lo escribo porque me pesa, porque aunque sé que no soy menos por eso sigue doliendo.
