Voy a soltar esta reflexión un poquito a las bravas, pero espero que entendáis que lo hago con el buen propósito de generar un poco de debate sobre un tema que creo que es interesante, y sobretodo porque me gustaría escuchar vuestras opiniones y sensaciones al respecto. Sin ningún propósito de poner en cuestión los sentimientos negativos que genera en muchas de vosotras el comentario famoso de «con lo bonita que eres… de cara». ¡Allá voy!
A veces veo que a muchas de vosotras os ocurre que os dicen esas cosas sobre «lo guapas que sois de cara» y reconozco que lo primero que me viene a la mente es… ¿Dónde está el drama? A muchas no nos ven salvación posible porque es que ni siquiera tenemos arreglo por la cara. Yo creo que en toda mi vida, sin contar a mi abuelo, nadie me ha hecho ningún comentario sobre mi belleza, más allá de algún «tienes un color de ojos bonito» (son verdes pero ya sabemos que unos ojos verdes no bastan para ganar el boleto a Beautyland). Y no es algo que me atormente, la verdad. Intento imaginar cómo me sentaría si alguien me dijera que soy bonita de cara (jajaja, me da la risa sólo de pensarlo) y supongo que reaccionaría igual que cuando me dicen algo sobre mis ojos… Sonreiría y respondería alguna tontería del tipo «¡Ya ves qué detallazo tuvieron mis padres dejándome esto de herencia!».
¿Igual tener la cara que cumple con los cánones de belleza, aunque sea algo aparentemente positivo, puede generar más ansiedades porque origina unas expectativas sobre «hasta dónde podrías llegar» si te esforzases lo suficiente? ¿Y las que no tenemos la cara bonita? Aquí no hay kilos de más que nos separen de nuestra meta, porque esa meta no está a nuestro alcance. A veces pienso que darse cuenta de que una no tiene ni siquiera la cara bonita y que por mucho que adelgace no va entrar en unos cánones que la sociedad se ha inventado puede ser hasta liberador, ¿no creéis? ¿Puede ser que a veces nuestras (supuestas) virtudes se convierten en nuestras cadenas?