¡Hola! Me he decidido a escribir por aquí porque hay un tema que me lleva rondando la cabeza desde hace unos meses y me gustaría saber vuestra opinión. Cabe decir que más o menos creo que sé cómo debo actuar ante esta situación, pero nunca está de más tener más puntos de vista.
Trataré de ser lo más breve posible. Estuve saliendo con un chico durante casi cuatro años, fue mi primera relación en serio y estaba muy enamorada de él. Él también me quería, pero no estaba tan pillado y básicamente era yo quien tiraba del carro y se esforzaba casi siempre por mantener lo nuestro a flote. Había momentos felices, sí, pero también muchas dudas por su parte y rupturas temporales. Pasado un tiempo, se fue a trabajar a casi 1000 km de mi ciudad. Intentamos llevarlo en la distancia, pero con lo hermético que era, los pocos esfuerzos que hacía por comunicarse y su cerrazón constante, vi que no podía más y le dije de dejarlo cuando volvimos a vernos. De ésto hace ya dos años y pico.
Lo pasé muy mal por la ruptura, pero sabía que era lo mejor para mí y seguí con mi vida como mejor supe. Durante este tiempo, he tenido dos relaciones con otras personas (relaciones tóxicas ambas, una de ellas incluso de maltrato). Hace unos meses, cuando más metida en el hoyo estaba, mi ex me dijo que estaba de vacaciones en mi ciudad y que le gustaría mucho verme. Me hice un poco de rogar, pero accedí y nos vimos. Esa tarde hablamos de muchas cosas y me pidió perdón por la actitud que había tenido años atrás conmigo; se disculpó por haber sido tan pasota y por haberme dejado tan desatendida. Me dijo que en aquel entonces estaba sufriendo una depresión, pero no sabía cómo afrontarlo. Había reunido el tiempo y las fuerzas necesarias para volver a mi ciudad y decírmelo, sin ninguna otra pretensión. Yo le dije que éso pertenecía ya al pasado y que estaba perdonado. Durante los días siguientes, seguimos quedando, los dos nos dimos cuenta de que estábamos muy a gusto el uno con el otro y de que nos seguíamos queriendo. Dejé mi relación con el maltratador y, sin pensar muy bien en lo que estaba haciendo, seguí a mi corazón y decidí volver con mi ex. Pero claro, tendría que volver a ser una relación a distancia, ya que él tenía su trabajo lejos y yo el mío en mi ciudad.
Lo llevamos más o menos bien durante el verano. Volvió otros cuantos días de vacaciones y estuvimos genial. El problema era que yo estaba aún muy tocada por las secuelas de mi relación anterior, no porque siguiera queriendo al otro chico, sino porque me había hecho mucho daño. Digamos que, aunque sabía lo que sentía por mi ex, no estaba preparada aún para una nueva relación. Discutíamos de vez en cuando por cosas relacionadas con ésto y la distancia no ayudaba precisamente. Dos días antes de viajar a su ciudad para verle, le dije de darnos un tiempo. No porque no quisiera estar con él, sino porque me estaba dando cuenta de que le estaba haciendo mucho daño y de que no estaba preparada. Le expliqué mis motivos y, aunque destrozado, pareció entenderlos.
Durante ese tiempo, estuve recibiendo terapia psicológica y me mantuve alejada de él. Un mes después, cuando ya me sentía bastante mejor, le envié un mensaje por su cumpleaños diciéndole que no le había dejado de querer y que me gustaría que habláramos. Ahora fue él el que me pidió tiempo, pues lo había pasado muy mal. Se había hecho ilusiones con que lo nuestro podía salir bien y todo se había venido abajo. Total, que me armé de paciencia y le esperé. Estuvo sin hablarme un mes y medio, unos cuarenta días. Yo estaba tentada de escribirle muchas veces, pero decidí respetar sus tiempos igual que él lo había hecho conmigo. El caso es que me volvió a escribir y, aunque me dijo explícitamente que me seguía queriendo y que quería un futuro conmigo, no las tenía todas consigo.
Hicimos un Skype y el encuentro fue bastante tenso después de todo lo que había pasado. Desde entonces, hemos vuelto a hablar alguna que otra vez por WhatsApp y, aunque cada vez le veo más amigable y cercano, veo que no avanzamos demasiado. Son conversaciones breves, muy breves, y no son todos los días, ni mucho menos. Tiene turnos de trabajo intensivos y no dispone de mucho tiempo, pero tampoco le veo muy por la labor de dar grandes pasos. Noto que poco a poco se va abriendo más, pero le cuesta muchísimo. Yo no le estoy presionando; entiendo que tiene que volver a confiar en mí, en nosotros, y éso no es fácil. Pero reconozco que me desespera estar en este punto muerto. Hay avances muy pequeñitos, y cada vez siento más que tenemos que sentarnos frente a frente, hablar largo y tendido y tomar una decisión. Pero éso ahora mismo no es posible por la distancia y, por otro lado, no quiero presionarle. Él sabe de sobra que quiero estar con él y que necesitamos comunicación para arreglar ésto si es que se puede, pero da pasos muy pequeñitos. Cuando algo le duele mucho, se mete en su cueva con sus pensamientos. Y yo no puedo entrar ahí si el no me deja.
Entiendo que la paciencia es la clave y que hay que ser respetuoso con los tiempos de cada uno, pero no me gusta nada estar así. Intento que no me afecte demasiado, pero es un tema que verdaderamente me quita el sueño. Y de verdad que no quiero forzarle ni darle un ultimátum, pero si es verdad que me quiere tanto y que quiere hablar las cosas para ver qué sucede, no entiendo por qué no da pasos para lograrlo. Me estoy empezando a cansar, y aunque de momento lo llevo relativamente bien, no quiero seguir así indefinidamente.