Pues resulta que desde niña tuve mucha imaginación. Desbordante.
Solía jugar a que era otras personas, como todos los niños. Algunos juegan a ser bombero, princesas, policías, héroes, médicos… Yo jugaba a que era un niño (soy mujer de nacimiento y me identifico como tal, pero siempre jugaba a que era un niño) y siempre era un niño con movidas. Vamos, que me iba el drama. Era un niño con padres muertos, con problemas de salud, que le habían secuestrado, que en un accidente perdía una extremidad… Cosas de ese palo.
Siempre quise ser escritora (sueño, de momento, por conseguir, y que no creo que se cumpla). Me encanta inventar historias…
El problema es que, en lugar de escribirlas, las monto en mi cabeza, las pienso como si estuviese leyendo o viendo la tele. Y visualizo escenas completas. Podría pasar horas con mi peli mental… Y el problema más gordo es que a veces, a solas, imagino los diálogos en voz alta.
Es un secreto que moriría si alguien se enterase, es como cuando jugaba de pequeña a que era el niño tuerto o huérfano… Pero de adulta.
Para lo demás, soy una persona funcional y aparentemente «normal»: tengo un trabajo de cierta responsabilidad con el que cumplo a rajatabla. Estudié una carrera para ello, sigo formándome en mi campo. Relaciones sociales normales, con un grupo cercano estable, buen rollo con compañeros o conocidos más circunstanciales, tengo pareja de hace años y hasta soy madre. Nadie sospecharía que hago algo tan raro.
A veces me digo que es como el que juega a los Sims, o a un juego de rol, o incluso al futbol a la Play… Es como el juego simbólico de los niños, pero en adultos, y los adultos también juegan. Que al final es como ver una peli o leer un libro, pero hecho a mi gusto. Que qué suerte tengo de poder crearme mi ficción totalmente a la carta y disfrutarla.
Pero, en el fondo, sé que es raro de narices.
No sé qué quiero me digáis, quizás saber si existe alguien igual de pirado y sentirme menos sola, o si me recomendáis directamente ir a terapia o qué.
Gracias.
