Siempre me he consolado diciéndome » no debería quejarme, después de todo hay gente realmente desafortunada, con problemas de verdad, y yo quejándome, cuando en realidad he tenido mucha suerte al caer en esta vida, pues seguro que a muchos ya les gustaría estar en mi lugar «; entonces me solidarizo, me siento agradecida y por un momento me siento aliviada
Pero la verdad es que no importa de qué índole sea nuestro problema, es nuestro, nos afecta, condiciona, luego importa, cosa que no pasaba cuando teníamos 3, 4 años. Quién no ha ansiado volver a ser pequeño, inocente, ingenuo, feliz; cosa que tampoco ha sido siempre así, porque cuando teníamos 13, 14 años, creo acertar al decir que todos queríamos ser mayores e independientes, como para poder salir sin horarios, conducir, ser incluido en conversaciones de adultos e incluso trabajar. Qué ironía, toda la vida nos la pasamos queriendo ser, siendo y no queriendo. En este mundo quién quisiera vivir para siempre!
Es una desgracia tener siempre esa sensación de no haber aprovechado bien el tiempo, las oportunidades, y no darse cuenta hasta que se han ido. Nos embelesamos deseando otras cosas, confiados de lo que tenemos, pero sin darle la importancia que se merece, entonces lo perdemos y luego lo añoramos. Como decía mi profesor: » Este es el mundo de los arrepentidos»
Cuando a uno le preocupa quién fue, le preocupa quién será, y no hay peor cosa que el juicio hacia uno mismo. Pero a pesar de todo es bien cierta una cosa: » nunca es demasiado tarde» No importa quién eres o que haces, tú tienes el poder de cambiarlo.
Lo importante es empezar, dejar de compadecerse y darse pena a uno mismo. El mundo está lleno de oportunidades! DESAFíATE! Empecemos a cumplir aquello que nos debemos a nosotros mismos. El hecho no es como empieza, sino cómo termina; no pierdas ni un día más, pues poderosa es la ambición por realizar nuestra utopía, no la condicionemos al amor u otros menesteres en demasía.