Me acabo de enterar de que mi pareja votó a Vox en las elecciones de Extremadura. No es algo que me esperara para nada. Cuando nos conocimos nunca tuvo ese discurso. Siempre se definía como de centro, bastante racional, abierto, con capacidad de escuchar y debatir sin ponerse nervioso. Yo lo veía como una persona bastante objetiva incluso crítica con todos los partidos. De hecho daba por hecho que en estas elecciones se iba a abstener, porque llevaba semanas diciendo que estaba desencantado con absolutamente todo.
Él dice que no le gusta todo de Vox. Que hay cosas con las que no está de acuerdo. Pero que está harto. Que siente que nada funciona. Que necesitaba un cambio. Que votarlo no significa que esté de acuerdo con todo lo que dicen, sino que está cansado de lo de siempre.
Yo lo escucho y entiendo el hartazgo. Yo también estoy cansada. Pero no puedo evitar que se me enciendan todas las alarmas. Porque para mí representa ideas muy claras que chocan frontalmente con mis valores.
No hemos discutido pero el ambiente se ha quedado raro y él me dice que no entiende por qué me afecta tanto si en el fondo seguimos siendo las mismas personas de ayer.
Pero ahora mismo estoy confusa. Y un poco triste, también.
