Viendo la lluvia de dudas sobre relaciones largas y posibles infidelidades de estos días, me animo a compartir mi historia por si a alguna le sirve de ayuda para aterrizar en la realidad.
Mi (ex)novio y yo llevábamos cuatro años. Éramos la pareja mona y ñoña del pueblo y que mis amigas envidiaban; un novio animado, que se prestaba a todo, siempre pendiente de mí, cero celoso y muy sensato.
Pero la sensatez se fue por la ventana cuando por la puerta entró mi amiga Mandy.
Ella acababa de volver de estudiar fuera y ese verano solo quería disfrutar, por lo que quedábamos todos los días y salíamos practicamente todas las noches. Muchas veces yo trabajaba, pero le decía a mi novio que saliera con mis amigas (él no tenía amigos y los que tenía de niño no es que le cayeran muy bien) que luego yo ya llegaría. Como veis, yo también cero celosa.
Pero con el tiempo, empecé a ver como mi novio estaba todo el santo día con el móvil en la mano y veía además, como le sonreía al móvil. Yo le decía, «¿con quién hablas tanto?», y él con total naturalidad me respondía, «con Mandy».
Como podéis ver él no me lo ocultaba, y cuando le preguntaba qué hablaban tanto me decía que chorradas. Era tal el enganche que tenía al móvil (de aquella no era normal estar enganchado al móvil como ahora) que me empecé a mosquear, pues dejaba lo que estaba haciendo para contestarle a la dichosa Mandy.
Comenzaron las peleas, los «por Dios, qué es tu amiga» y por parte de ella los «me duele que piensas que yo te haría a eso». Yo intentaba sonsacarle a los dos, les hablaba bien diciendo que si había algo que me lo dijeran, que cortábamos y punto, que era mejor dejarlo ahora bien que en un futuro y mal, prometía no enfadarme con Mandy porque así como yo estaba enamorada de mi novio entendía que cualquier mujer podía estarlo porque era un chico 10.
Nanai de la china. Yo estaba loca. Pues ya de perdidos al río, le miré el móvil como buena tóxica. Efectivamente solo hablaban chorradas.
Me sentí tonta, había pasado el límite, ¡mirar el móvil! No obstante, así como digo «que pierda las formas no significa que no tenga razón», se viene el «que no tenga pruebas no significa que no tenga razón».
Cortamos. La confianza se había ido por el retrete tras cuatro años maravillosos.
Ese día fue el fin de mi relación con mi novio pero también de la relación con mis tres amigas. En vez de estar conmigo, salir de fiesta y bailar hasta el amanecer conmigo, lo hicieron con él.
Me busqué amigas nuevas, pasé página y durante mucho tiempo creí que era una loca celosa que pensaba que todas se querían follar a su novio. Hasta que dos años después, mi ex no aguantó más y como había sido la mujer de su vida, la única persona que tuvo y en la que podía confiar, vino llorando a soltar todo.
Sí amigas, ese día tuve que consolar a mi novio porque Mandy le había roto el corazón.
Resulta que no había pasado nada entre ellos cuando estábamos juntos pero que sí que pensaba «si no estuviera con ella yo estaría con esta chica». Y al romper nuestra relación, se acostó primero con mis otras dos amigas, y meses después con Mandy, quien resulta que tonteaba pero que pasaba de él. Ella se acostaba con él cuando quería y cuando no lo desechaba, incluso quedaban los dos para salir y ella se traía a sus ligues. Mi ex tragó humillaciones por un tubo, Mandy incluso se acostó con su hermano.
Lloró desconsoladamente por lo mal que lo estaba pasando, que no se la quitaba de la cabeza y que ella pues, hacía lo que le apetecía en el momento.
Qué pringada, consolando al ex. Y la verdad, me dio mucha pena.
Años después sí que conservo amistad con mi ex. Soy su confesora y quien le da el visto bueno a sus pretendientas
MORALEJA
No hace falta tener pruebas para saber que te están engañando.
