Hola, chicas. Como muchos de vosotros me pedisteis que, por favor, actualizara finalmente lo que iba a hacer con el tema de las tres bodas que tengo este año y a las cuales no puedo acudir, tras leer vuestros mensajes me armé de valor y decidí quedar con mis tres amigas. Un esfuerzo titánico tuvieron que hacer, ya que cada una tenemos trabajos diferentes y fue casi imposible reunirnos todas, pero quería hablar en persona con ellas y que me entendieran, y así no hubiera malos entendidos.
Cuando estuvimos las tres juntas en la cafetería, les expliqué la situación: que estaba muy mal de dinero, pero que quería ir a la boda de las tres, aunque el presupuesto era limitado y que no podía hacerles una donación tan grande como la que ellas se merecen, y que me había planteado incluso el no asistir a ninguna de las tres bodas para que ninguna se sintiera diferente, sumado a la vergüenza que sentí cuando les conté qué era lo que me estaba pasando y por qué no podía hacerles un buen regalo en el día más importante de su vida.
Pensé que la cosa iba a ir mucho peor; sin embargo, me entendieron perfectamente, me dieron un abrazo y me dijeron que no hacía falta que diese absolutamente nada. Entendían perfectamente la situación que yo estaba atravesando y que con mi presencia era suficiente.
Que lo único que me tenía que preocupar era de conseguir un vestido bonito, que si no ellas también podían prestarme alguno, y que no se me ocurriera no ir a la boda por no poder hacer aportación económica.
Se enfadaron un poco conmigo por el hecho de habérseme pasado por la cabeza no ir a la boda de alguna o de ninguna por este tema, acusándome de que parecíamos nuevas, que parecía que no nos conociéramos o que no tuviéramos confianza. La verdad es que pequé de orgullosa y debía haber confiado en un principio y habérselo dicho, aunque también entendieron que me diera corte la situación, porque me conocen y saben que soy una persona no muy dada a hablar de mis problemas.
Me sigue dando vergüenza no poder hacerle un regalo a su altura a ninguna de ellas por el día más especial de su vida, pero me siento más tranquila porque sé que me entienden y que voy a poder estar cómoda en sus bodas.
La verdad es que esta conversación me trajo mucha paz y, desde aquí, animo a que, si cualquiera tiene una conversación pendiente con una amiga suya que sea amiga de verdad, que coja el toro por los cuernos y que la hable; después se va a sentir mucho mejor y, si es su amiga de verdad, lo va a comprender.
Muchísimas gracias por haberme ayudado y haberme impulsado a dar este paso; sin vosotras no lo habría hecho.
¡Se os quiere!
