Buenas.
Hoy he perdido los papeles con la administrativa en el trabajo. Desde que entré, cuando ha habido errores con las nóminas, con trámites de maternidad, etc. lo he tenido que gesrionar con ella. Pues bien, esta persona a menudo me habló con tono despectivo, condescendiente, negando los errores y tomándome por ignorante. Me tenía que asesorar y volver a que rectificara las cosas siempre perdiendo tiempo y energías evitablemente, asintiendo y bajando la cabeza para no discutir, etc. Pensaba «tendrá un mal día la mujer» , «va sobrepasada de trabajo», y justificaciones similares.
Pues bien, me deben 12 dias de jornada completa de sueldo de septiembre y el mes pasado me aseguró que lo cobraría con octubre. No lo he cobrado, negra me he visto para llegar a fin de mes y este mes, en lugar de noviembre, estoy por bautizarlo «efecto domino. La mando un mail volviendo a explicar todo y me dice que no, que todo está correcto, que mire bien las nómina de septiembre cuando lo primero que aparece es que va del 1 al 19 de septiembre. Harta ya, la llamo y le digo que eso es de ser incompetente y que o me da una respuesta de cuando cobro eso que me deben o tomo acciones legales. Pues ha ido llorando a la jefa indignada, de que la he insultado y amenazado y me han dicho que es inadmisible llamar a una compañera de incompetente, a lo que no he podido contrariar mientras miraba a la directora fíjamente y aguantando el tipo sin saber donde meter la cabeza. Les he contado el trato que he recibido de ella durante 4 años y me lo niegan, no se lo creen, estan de su parte.

Total, que el desahogo me ha costado una buena discusión con los directivos y tener que ir a pedir perdon por mi falta de respeto. Consejo, no vayáis de hermanitas de la caridad si recibís un trato inapropiado o menos respetuoso y contadlo, cortadlo educadamente desde el principio, no aguantéis porque el silencio va otorgando siempre. Y si llega un día en que no tenéis los montes de Venus para que os los meneen, intentad que os salgan sutiles metáforas a lo Shakespeare, porque el realismo in extremis no suele caer bien al público. Como bien dicen, de acuerdo con la moraleja de esta historia, a ningun feo le huelen sus peos y más tonto es el que predica que el llorica.
Salud y paz de espíritu para tod@s