Empezaré desde el principio, y espero no extenderme demasiado. Tengo 20 años y hace unos cinco meses dejé a mi novio del instituto, con quien llevaba desde los 16. Aunque era yo quien había dejado de quererle, lo pasé muy mal, porque le tenía cariño y estaba acostumbrada a su compañía. El caso es que cuando empecé a sentirme mejor empecé a disfrutar de la soltería, a salir de fiesta sin sentirme obligada a enviarle un whatsapp al churri cuando llegara a casa y esas tonterías. Me llevé al huerto a un par de maromos con unos pectorales que yo, con mis lorzas y mis curvas nunca pensé que palparía, y la vida de soltera me agradaba. Pero entonces lo conocí a él.
Participo en un proyecto de voluntariado entre mi universidad y Servicios Sociales, en el que estudiantes universitarios damos clases de refuerzo escolar a niños cuyas familias no tienen nivel cultural para ayudar, y en situaciones marginales. Normalmente a cada voluntario lo emparejan con un niño y arreando, pero a mí me propusieron dar las clases con otro chico y que nos asignaran a cinco niñas (que al ser de la misma familia todas no querían separarlas) y acepté. Él es un gordibueno en toda regla. 22 años, algo más alto que yo, ojos azules, barbita, y mirada picarona. El primer día me pareció guapo, y él también me miraba. Aun así, yo estaba en una etapa un poco apática, y cuando una semana después quedamos para tomar un café y me dijo que yo le gustaba, me agobié. Le dije que era guapo y agradable (y FEMINISTA, habíamos hablado de todo y compartimos ideas políticas y revolucionarias) que en ese momento no podía corresponderle porque no me apetecía relacionarme de esa forma con nadie (y era verdad).
No pasó mucho hasta que un día después del voluntariado nos tomamos unas cervezas, y una cosa llevó a la otra, y le acabé comiendo la boca en un callejón. Y me lo llevé a casa. Y lo genial fue que después seguimos siendo amigos, tomando café y cervezas y colaborando en las clases con toda normalidad (con la excepción de que al acabar se venía a mi casa a echar un polvo). Hace más o menos un mes que nos acostamos, y a mí me está empezando a gustar mucho. Es cariñoso, me hace reír, me trata genial y el sexo es adictivo… Pero no quiero una relación. ¿Cuál es el problema? No lo sé, pero me pongo muy triste cuando pienso en ello. Creo que me estoy enamorando, y no sé si debería decírselo, como hizo él cuando yo empecé a gustarle, porque si no quiero que cambie nada, ¿para qué decírselo? Por otro lado, en septiembre me voy de Erasmus a Inglaterra, y entre medias está el verano y yo solo vivo en esta ciudad por la universidad. Además, hemos hablado mucho de lo poco que deseamos una relación seria, y sé con certeza que él no querría eso conmigo. No sé lo que quiero, no sé lo que siento. Tengo miedo de decirle que me estoy enamorando y espantarle.