He escrito otras veces pero hoy vengo con polémica. Sé que muchas estaréis en contra, pero lo de poner el número de cuenta en la invitación me parece de lo más bestia que hemos normalizado.
Llamadme antigua, exagerada o lo que queráis, pero cada vez que me llega una invitación de boda con el numerito de cuenta bien grande como si fuera la factura de la luz…
“¡Es por comodidad!”, me dicen.
Perdona pero no. Es pedir dinero directamente.
A ver, que yo entiendo que en este país se ha hecho toda la vida lo de “dar el sobre”, y lo he hecho mil veces. Pero hay formas y formas. Una cosa es que sepas que se suele dar dinero y otra es ponerlo en letras doradas en la invitación, al lado de la fecha del enlace y el menú.
Que parece que vas a pagar una cuota del gimnasio en vez de ir a celebrar el amor de alguien.
Y lo peor es que se ha convertido en lo normal.
No sé. Me parece que nos hemos acostumbrado tanto a bodas carísimas que ahora casi se espera recuperar el dinero vía invitados y eso me parece triste.
La boda debería ser una celebración no un modelo de negocio encubierto.
Sé que hay gente que lo hace con buena intención y sin maldad, muchos amigos a los que quiero y no creo que sean malas personas. Pero personalmente no me gusta esa forma de enfocar algo tan bonito como una invitación.
Prefiero que me llamen cutre a participar en esa dinámica.
