Hola a todas.
Os escribo creyendo saber cuál podría ser vuestra respuesta, pero con la esperanza de que me aportéis un punto de vista en el que yo no haya reparado y me saque de la oscuridad absurda en la que yo misma me estoy sumergiendo.
Desde que tengo uso de razón, he estado más gorda que la media, que la media de las niñas, que la media de las adolescentes y que la media de las jovencitas, y ello sin llevar una alimentación particularmente poco saludable o, al menos, sin cometer ni la centésima parte de los excesos gastronómicos que me habría apetecido. Como consecuencia de ello, aunque la mayor parte de mi vida he llevado una talla 42 midiendo algo más de 1’65, me han y me he considerado gorda, con el consiguiente dolor y, lo que es peor, estupor e incluso desprecio hacia los hombres que se interesaban por mí. En los últimos años, me descontrolé bastante y llegué a calzarme la 46, cruzando la frontera entre mi sempiterno sobrepeso y la obesidad de grado I, y viendo que la grasa empezaba a alojarse no ya sólo en caderas y muslos, a cuyas dimensiones orondas siempre he estado acostumbrada, sino también alrededor de lo que había sido una cintura más bien estrecha. Llegué a sentir asco de mí misma y a no dar crédito a que alguien «normal» y «valioso» pudiera llegar a enamorarse de mí. No me enorgullece…
Hace unos meses empecé una dura dieta que me quitó diez kilos de encima, devolviéndome a mi 42 habitual, lo que al principio me hizo sentir francamente bien; no en vano, mientras la seguía, me maldecía a mí misma por mis injustificados complejos de antaño y me prometía no volver a sentirme una «gorda indeseable» por no estar tan delgada como marcan los actuales cánones.
Esa sensación de triunfo y orgullo duró poco tiempo. Ahora vuelvo a sentirme tan poco atractiva como me sentía meses atrás. Cuando estreno vestidos nuevos y salgo contenta de casa sintiéndome guapa, en cuanto llego al bar de turno, no puedo evitar compararme con el resto de mujeres presentes y siempre aparece la típica jovencita de más de 1’70 y apenas 50 kilos cuya presencia me recuerda que, con mis 15 años y 20 kilos más que ella, yo siempre me quedaré en el «quiero y no puedo», y que las cosas, con el paso del tiempo, sólo irán a peor…
Me avergüenza ser tan superficial, porque he logrado suficientes cosas en la vida como para saber que tengo bastantes cualidades positivas para sentirme satisfecha conmigo misma, pero el pensamiento recurrente de que las mujeres valemos tanto como el número de cuellos que hagamos torcer por la admiración y el deseo de hombres «de calidad» y que cualquier otro razonamiento es un autoengaño sigue sin dejarme ser feliz.
¿Alguna se ha sentido así alguna vez y ha salido de esa aterradora caverna?
Muchas gracias por vuestro tiempo.