Nos conocimos hace bastante tiempo en un curso de inglés en el Centro de Idiomas de la universidad. Cada una estudiaba una carrera diferente y hemos mantenido la amistad hasta ahora, más de 20 años.
No ha habido muchos problemas por nuestras diferencias económicas hasta hace poco. Una de ellas tiene un sueldo muy bueno (es ingeniera), otra gana más o menos como yo, quizá un poco más, pero su marido sí que tiene un puestazo. La tercera es fisioterapeuta, trabaja de lunes a jueves con eso os digo todo. Hay otra que gana menos que yo, no acabó la carrera, y sinceramente no sé cómo lo hace ni de dónde saca el dinero; es un misterio para mí, porque además vive sola.
Como decía, hemos mantenido la amistad y solemos vernos uno o dos fines de semana al mes: comer o cenar, ir a un spa urbano, hacernos las uñas… incluso alguna vez un pequeño viaje. El problema viene desde hace dos años. Mi relación de pareja terminó, nos separamos, y tuve que alquilar un piso pequeño por mi cuenta. Tal y como están las cosas, tuve suerte: pago 700 euros. Entre el coche, la comida, la luz y otros gastos, con suerte puedo ahorrar unos 200 euros al mes.En mi opinión, es muy importante ahorrar y tener un colchón importante en el banco. Yo dependo únicamente de mí misma y quiero estar preparada para cualquier imprevisto.
Ellas, en cambio, han seguido igual y continúan haciendo planes, como siempre, bastante caros: restaurantes de mínimo 35 euros, manicura completa (50-60 euros), spas caros, clases de yoga aéreo con cintas, minicursos de cocina con un chef… A.. l principio me daba igual, pero cuando eché cuentas me di cuenta de que salir con ellas suponía entre 50 y 70 euros incluso en un día normal, y que no podía permitirme ese ritmo mucho tiempo.
Me daba mucha vergüenza, pero les pedí ir a sitios más normales. Aunque especialmente una de ellas puso mala cara durante un tiempo, bajamos el nivel. Sin embargo, hemos vuelto otra vez a lo mismo. La última vez que quedamos todas fue en un japonés nuevo: 48 euros por persona. También planearon un viaje de dos días a una cata de vinos en La Rioja, al que yo no quise ir; además de que no me gusta el vino, el precio me parecía desorbitado.
Este fin de semana tocaba quedar otra vez. Fueron a un centro de masajes “de Bali”: 50 euros el más barato y 75 el normal, y luego a comer. Es decir, unos 100 euros como mínimo. Yo, ya molesta, dije que no podía ir. Lo dije por el chat esperando que, al menos, cambiaran uno de los planes, pero no. Y lo que respondió una me dejó de piedra: “Pues vente después al café y ya está”.
Me dolió mucho, de verdad. Yo no haría comentarios así sabiendo la situación económica de otra persona. Me adaptaría o iría a esos sitios caros con otra gente. Me sentí un poco humillada. Y además, la amiga que gana como yo, o algo menos, de verdad, no sé de dónde saca el dinero. Es que no me salen las cuentas, y no tiene pareja que la sostenga económicamente. y sus padres tampoco le ayudan. Le doy vueltas y no lo entiendo; obviamente no le he preguntado, pero supongo que vivirá endeudada. Comento esto porque al principio busqué su apoyo para que pudiéramos presionar un poco entre las dos, pero me dijo que ella no veía ningún problema en ir a esos sitios, que le encantaba y que para eso trabajaba, y de manera muy sibilina, no directa, claro, me dijo que era una agonias con el dinero
Os parece que exagero?
