Me da muchísima pena leer, en esas breves líneas que has escrito, tantas ideas dañinas que tienes interiorizadas sobre tu autonomía corporal y las relaciones sexuales y personales. Estos consejos los he escrito con toda la solidaridad del mundo y deseando que aprendas a quererte más para ser más feliz.
No dejes que el alcohol decida con quién te lías, es como si el alcohol fuese tu proxeneta y te prostituyese; los morreos y los refrotes se disfrutan mucho más si los eliges tú conscientemente, la atracción correspondida por la otra persona te sube la autoestima y te empodera mucho más si es algo que tú has elegido y no que has hecho porque el alcohol te reduce químicamente las inhibiciones. ¿Es que te da corte y con el alcohol se te quita la vergüenza? Pues eso no es bueno para ti, plantéate que es mejor ponerse una vez colorada que cien amarilla.
Si el chico te gusta y te preocupa el sexo, habla con él, díselo claramente y dialogad con tiempo y calma. Comentar lo que queréis que pase entre vosotros no reduce el romance ni el disfrute ni la emoción, pero sí evita que vayáis con expectativas diferentes y alguno o los dos lo paséis mal . Tus dudas y preocupaciones son perfectamente naturales y válidas y él no tiene que adivinar lo que te pasa y lo que necesitas, esas son ideas de romanticismo tóxico que nos han inculcado, que es más romántico que todo fluya sin hablar, pero así lo que suele pasar es que alguien se aguanta con algo que no quería, o los dos. A poco que él sea un ser humano normal, tampoco es justo para él tener que adivinar lo que quieres y lo que necesitas.
¿Por qué te preocupa que no le guste a él tu cuerpo y no te preocupa que no te guste a ti el suyo? ¿Por qué te preocupa que a él no le guste el sexo contigo pero no te preocupa que a ti no te guste el sexo con él? No estás ahí para complacerle, estáis para daros placer mutuo y tu satisfacción es tan importante como la suya. Para ti, de hecho, tu satisfacción es más importante que la suya, porque a él ya le ha educado esta sociedad para buscar su propio disfrute y, por lo que veo, a ti te ha convencido de que tu placer no es importante. Me parte el alma leerte, de verdad.
Por favor, no hagas caso a esos comentarios que te dicen que no te va a gustar el sexo las primeras veces y que eso es normal. No es normal. No es normal ni sano a tener que apretar los dientes y aguantar la incomodidad o el dolor hasta que te empiece a gustar, quedarte quieta como una muñeca hinchable y confiar en que él sepa lo que hace o adivine lo que te gusta. Eso es una mentira que nos ha contado el patriarcado para que nos sintamos liberadas mientras aceptamos prácticas sexuales que no queremos, para que él siempre se lleve su orgasmo y dé igual lo que nos llevemos nosotras. El sexo no tiene ni que incomodarte, ni dolerte, ni dejarte indiferente, ni ocurrir sin que tú sientas placer. Si lo que estéis haciendo empieza a hacerte sentir de alguna de esas maneras, tenéis que parar, respirar hondo y probar otra cosa. Por eso es tan importante que verbalices lo que quieres y lo que necesitas mucho antes de que lleguéis al sexo. No todas las experiencias sexuales tienen que llevar a la penetración o a la eyaculación, pero todas tienen que ser con quien tú quieras, cuando tú quieras, como tú quieras y con placer, confianza y seguridad para ti.
No hay que idealizar la pérdida de la virginidad vaginal, porque es una mierda que se inventaron los hombres hace milenios para controlar la sexualidad de las mujeres. Pero tampoco hay que tenerle miedo al sexo, solo es frustrante y doloroso cuando se hace sin conocer tu cuerpo, sin escucharlo, sin expresar lo que quieres y necesitas, sin respetarte y respetar al otro, sin confianza y sin diálogo.
Comparto una experiencia personal que me marcó mucho, espero que te ayude a tomar perspectiva: hace poco estaba en un grupo de amigos entre 30 y 40 años, y una mujer empezó a preguntarnos a todos a qué edad habíamos perdido la virginidad, en plan: “¿Y tú? ¿A los veinte? ¡Uy, qué tarde, yo a los dieciséis! A ver, ¿y tú?”. Cuando llegó a mí, la miré muy tranquila y le dije: “Mira, yo no recuerdo exactamente la edad que tenía, pero estaba en la universidad y debía tener veintitrés o veinticuatro años, pero no lo recuerdo porque eso no es lo importante. Lo importante es que lo hice con quien yo quise, cuando yo quise, como yo quise, pasó lo que yo quise, no me dolió nada, estuve relajada y sentí mucho placer”. Se quedó muy sorprendida, pero más sorprendida me quedé yo cuando otra chica respondió: “Pues yo no, ni perdí la virginidad con quien yo quise, ni cuando quise, ni como quise; él me presionó para hacerlo y fue horrible”. Todavía se me saltan las lágrimas al recordar el dolor que expresó esa chica. Trabaja tu autoestima, espera si no es el momento, pero intenta no ser esa chica.