Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
¿Qué haríais con un vecino que lleva 5 años haciéndote la vida imposible?
Os pongo en contexto:
El susodicho apareció como inquilino del piso de arriba durante la pandemia.
Yo llevo 23 años viviendo aquí, hipotecada. Es un edificio de los años 60, todo se escucha, todo se sabe. He tenido vecinos de la madre y del padre, como yo soy de mi madre y de mi padre, pero siempre nos hemos entendido.
Total, se muda este hombre en pandemia. El primer día ya tenía un tablao flamenco montado a las 3 de la mañana.
Le doy margen, pero siendo su conducta ruidosa y recurrente decido hablar con él.
Me responde que “no es su problema” que yo sea una “mal follada” y que me falta “macho”.
En mi piso vivimos mi hijo y yo solos.
Seguimos con los problemas.
Vuelvo a subir a su piso otro día a las 2 de la mañana, intentando explicarle que mi hijo madruga y que necesitamos dormir.
Él me contesta que tenga cuidado cuando pase debajo de su balcón, no vaya a ser que se le caiga una maceta y me vea muerta en el suelo, “echando sangre por la boca”.
Cuando entro en casa, alucinando, lo escucho despotricar, salir a su balcón y escupir intentando “darle” a la equipación de fútbol de mi hijo que estaba tendida.
Una mañana, yendo a trabajar, me encuentro bultos negros en el portal que él estaba metiendo en una furgoneta.
Otro día me inunda el baño, otro día el lavadero, aparecen humedades en la habitación de mi hijo y en la mía.
Hablo con la dueña del piso; me dice que no tiene seguro y que por favor me espere.
Me espero.
Pero seguimos sin dormir.
La dueña me avisa de que ya tiene seguro, hacemos parte.
El del seguro me toca el timbre y me dice que han quitado toda la solería del baño, suelo y paredes, y que la bañera está llena de piquetes. Evidentemente no se van a hacer cargo.
La dueña me llama y me dice que lo va a arreglar por su cuenta.
Me espero.
Aunque seguimos sin poder dormir porque los inquilinos se activan a partir de las 22:00 y para ellos las 3 de la mañana es una hora perfecta para mover macetas (sí, tienen una plantación en el piso de arriba), y para cantar, bailar e insultarse a voces.
Cuatro años después no puedo más y vuelvo a subir encendida, viva, después de cuatro días sin pegar ojo.
Me vuelve a amenazar, vuelve a decir que lo que me pasa es que “estoy sin macho”.
Días después hacen una redada en el pueblo. Él fue uno más de los muchos a los que pillaron con la luz enganchada.
Yo ni me enteré, llegué a las mil de mi trabajo y me estaba esperando en la puerta.
“Chivata”, “a las chivatas les cortan la lengua”.
Sin ton ni son me vi encerrada en mi piso con otra vecina llamando a la Guardia Civil porque nos estaban amenazando con MATARNOS.
La Guardia Civil vino, habló con él. Y aparentemente la cosa se quedó tranquila.
Aparentemente.
Justo ayer me siguió hasta el portal cuando llegaba de trabajar, cantándome “chivata, chivata” hasta que entré en casa.
Quiero liarla pardísima, cagarme en sus muertos, contratar sicarios… os juro que no se merece menos.
Pero, ¿qué haríais vosotros?
