Hace dos años contacté a Rebeca Saray de forma privada para compartirle una experiencia muy dolorosa y abusiva que viví con un fotógrafo-maquillista con el que ella suele colaborar.
Lo hice desde el respeto, sin mala intención, con el único propósito de prevenir que otras modelos pasaran por lo mismo que yo.
Nunca obtuve respuesta. Ella siguió trabajando con el agresor, exponiendo potencialmente a otras modelos, y cuando intenté dejar una reseña honesta en su página de Facebook, desapareció poco después (asumo que fue reportada o eliminada).
Hablar de estas experiencias ya es bastante difícil, pero duele aún más cuando el silencio —especialmente el de figuras públicas o referentes del medio artístico— termina protegiendo a personas dañinas y perpetuando entornos inseguros.
Comparto esto porque otras modelos merecen estar informadas. Y si alguna está viviendo algo similar, o si siente que algo no está bien con un colaborador (fotógrafo, maquillista, productor, etc.), que sepa que no está sola.
La sororidad también se practica escuchando.
Los espacios creativos deben ser seguros para todas las personas, no refugios para quienes abusan bajo el disfraz del “talento” o el “prestigio”. Proteger a los depredadores, sólo porque son colaboradores frecuentes, no es neutralidad: es complicidad.