Reproducimos testimonio de una seguidora que recibimos a info@weloversize.
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Estas historias son las que oyes y piensas que eso nunca le pasa a nadie, que es imposible o que es de novela barata. Pero sí que pasan sí, vaya si pasan. No sé si reírme o llorar.
Empecemos por el principio.
No tengo a mucha familia en mi ciudad. Mi abuela se fue de Jaén antes de dar a luz y tuvo aquí a mis tíos y a mi madre. Así que somos un núcleo pequeño.
Con la familia que quedó en Andalucía, no tengo mucha relación. Alguna vez cuando hemos bajado de visita nos han presentado, pero no es que haya un vinculo especial. No me sé los nombres de la mayoría de ellos ni qué están haciendo con su vida. Así que imaginaros mi sorpresa, cuando me llamaron para informarme de que un tío lejano había muerto y me había dejado 12.000€ de herencia.
No me lo podía creer, insistí en si no se trataba de un error, pero mis padres me lo confirmaron. Al parecer mi tío había dejado unas instrucciones para dividir su herencia y por los requisitos y características que puso, la herencia me tocaba a mí. Es decir, no es que me la dejase a mí expresamente, se la dejó al sobrino o nieto que: hubiera ido a la universidad, no estuviera casado y no tuviera una casa propia. Y esa era yo.
Por una vez, no tener ni pareja ni casa, estaba jugando a mi favor.
Me fui al notario emocionada y me explicó que se me iba a transferir la herencia, lo que tenía que firmar, más o menos cuanto se iba a llevar hacienda y varios detalles importantes que me anoté para no perderme y asegurarme que lo entendía.
Salí de allí muy feliz y pequé de novata. Me vine arriba.
Al llegar a casa, lo primero que hice fue empezar a buscar pisos. Me pasé horas y horas buscando. Me pareció que la mejor manera de invertir ese dinero, era dar la entrada o empezar con el papeleo para comprar un pisito y tener algo a mi nombre. Así al menos tendría algún sitio donde caerme muerta.
Ya por la noche, encontré la oportunidad.
Estaban construyendo unos pisos de obra nueva en un descampado de una zona en las afueras tenían ofertas de lanzamiento para jóvenes. Si eras menor de 30 años, era tu primera vivienda y llevabas más de cinco años en tu empresa, te aseguraban que te financiaban el 100% de la hipoteca.
Estuve mirando las fotos virtuales de como iba a quedar, miré los planos y la ubicación. Todo me encantaba. Quería cogerme el más pequeño, el de dos habitaciones exteriores con balcón. Pero en la propia web ponía que iban bajo reserva y que se estaban agotando.
Al día siguiente fui a la agencia y allí me explicaron todo bien. Tenían el piso que yo quería, era justo el último que quedaba, pero para reservarlo, tenía que dejar una paga y señal de 10.000€.
Os juro que en ese momento me pareció todo normal y legal. Firmé un documento conforme si luego me echaba atrás, perdía la paga y señal. Ellos se comprometían a tener la obra lista en seis meses, ya que ya estaba hecha la estructura, y a darme las llaves antes de final de año.
Concertamos una reunión a las dos semanas para hablar de los aspectos financieros y de la documentación que tendría que solicitar al banco, y me fui más feliz que nada.
No le dije nada a nadie, quería que fuera una sorpresa cuando ya estuviera todo cerrado y me dieran la hipoteca.
A las dos semanas volví a la empresa y no había absolutamente nada.
En ese momento se me paró el corazón. Me empezó a faltar el aire y me mareé.
Quise creer que era un malentendido, que se habían trasladado y se habían olvidado de avisar o que estaban de reformas.
Llamé a todos los teléfonos que tenía yo y que ponía en la web. Envié correos a través de la web y por Gmail, me moví todo lo posible en los siguientes días hasta que ya vi todo claro: Me habían estafado.
Hablé con mi banco y me recomendó ir a denunciarlo a la policía. Os ahorro todo el mar de trámites, documentación, llantos, vergüenza y humillación. El resumen, es que no tengo absolutamente nada del dinero que les transferí y que la investigación está paralizada.
Aparecieron otras víctimas y el modus operandi fue el mismo que conmigo. Pusimos una denuncia conjunta y se supone que están en ello, pero no nos han garantizado que podamos recuperar nuestro dinero.
Le conté todo a mi familia, que por un lado me regañó por precipitarme y por el otro me apoyó. Me dio mucha rabia haber caído en la trampa, me jodió eso incluso más que perder el dinero, ya que al final tampoco contaba con él antes de tenerlo. Pero sí que me sentí muy estúpida.
Han pasado cuatro meses de esto y aun no sabemos nada. No sé donde llegará o si se solucionará algo. Lo que está claro, es que el dinero requiere cabeza, una cabeza que yo no tuve.
