Buenos días, hoy vengo aquí a compartir una experiencia que me tiene desconcertada (y un poco harta), me gustaría también que pudierais compartir la vuestra, y que entre todos podamos ver que no estamos solos (o solas) en esto.
Os pongo en contexto: 23 años, siempre he tenido problemas de sobrepeso, la primera dieta que recuerdo fue a los 6 años, desde entonces a dieta, ahora con obesidad (sigo luchando, algún día lo conseguiré), también he sufrido acoso de varios tipos, etc. Hasta aquí una historia que seguramente conoceréis porque nos pasa a muchos, y estoy segura de que ya se ha hablado mucho em este foro.
Pero no chiquis, de lo que quiero hablar es de las experiencias con cumpleaños y celebraciones. Tengo una familia maravillosa, los quiero y adoro, pero he de decir que desde mi familia también he recibido machaque psicológico, mayormente por parte de mi madre, con la cual siempre he tenido discusiones al intentar defenderme. Lo curioso es que todos en mi familia tienen sobrepeso, mis padres y mi hermano además también son obesos. Así que se me hace incomprensible que todas las críticas por parte de señora madre vengan a mí. En su defensa, diré que tiene 60 años y creció en una sociedad diferente.
Al margen de todo esto, el problema de las celebraciones: siempre, siempre que celebremos mi cumpleaños, tiene que ir dedicado a que no engorde. La cosa va así: en mi casa, digamos que la comida del día de un cumpleaños el cumpleañero se desentiende, y nos encargamos los demás para prepararle a los demás. Pues bien, yo siempre tengo un cumpleaños de dieta, y hago hincapié en ello puesto que así quieren remarcarlo: «hemos pensado en algo especial pero que no engorde mucho», «hay que celebrarlo pero sin pasarse, que luego se te va a las caderas», etc. Lo mismo ocurre con los regalos, no voy a mentir, a veces me han regalado cosas chulísimas, pero es frecuente que tanto en Navidad como en mi cumpleaños mis regalos estén centrados en que adelgace: un mes de gimnasio, un set de zumba, cremas reductoras anticeluliticas, zapatillas curvas de esas para adelgazar, una cuerda («para que saltes a la comba, que es muy bueno para perder peso»)… Esos son algunos de los ejemplos, que me han pillado tanto a los 11 años, como a los 16 y como a los 20. Lo más triste de todo: esto no pasa con ningún otro miembro de la familia, los que recalco, también sufren obesidad.
¿Por qué no puedo celebrar como alguien normal? ¿Es que no puedo ni siquiera olvidarme un día de que para los demás sólo valgo lo gorda que estoy? Lo gordo de esto es que hablarlo no es una opción, porque ya lo he intentado y acaba en discusión fuerte con mi madre. Al final siempre me siento mal porque me hace pensar que soy una mala hija. Y yo misma me siento culpable porque recuerdo cuando éramos pobres, y sé que hay gente que mataría por estar en mi lugar. Pero es que no pido nada del otro mundo, sólo tener un día en el que no se me imponga que mi prioridad en la vida es adelgazar. Prefiero que me digan que no me han podido comprar nada por falta de tiempo o dinero, que me preparen pasta hervida si hace falta (eso ya es comida especial en mi casa), o que no me preparen nada y que me digan que no pueden, o… No sé, cualquier cosa que no se centre en recordarme que sólo les importa de mí que estoy gorda.
Alguien más se siente así o soy una sucia materialista?