Texto corregido por WLS para mejorar su lectura:
Hola, buenas.
Quería compartir mi experiencia y que me dierais vuestras opiniones. Estuve cinco años y medio en una relación. Cinco años viviendo con él y solo cuatro meses casada. Lo dejé porque no pude más. La situación fue tan traumática para mí que no paro de darle vueltas. Estoy triste y desesperanzada. Quizás entender lo que pasó me ayudaría.
Me casé con la persona con la que llevaba cinco años conviviendo. Nunca fue una relación fácil. Él tenía rabietas muy grandes, a pesar de que lo conocí con 40 años (yo tenía 35). A veces te subía al cielo y, en general, el día a día era bueno. Era simpático, carismático y muy adulador, lo que te hace sentir muy bien, claro. Pero cuando había algún desacuerdo y le decía algo que me había molestado, podía llegar a extremos de gritos, tirar cosas e insultar.
Por ese motivo, a los dos años de relación lo dejé. Me buscó, me escribió, prometió cambiar, empezó terapia y volví con él. Durante un año y pico hubo grandes cambios. Yo estaba feliz porque era la persona con la que quería estar y él se esforzaba en limar lo malo.
Como todo iba bien, dos años después de esa ruptura, y tras pedirme él que nos casáramos con acto romántico incluido, planificamos la boda. Yo acababa de sacar una oposición que me había costado años. Me iba a casar y estaba entusiasmada. Atrás quedaban los malos ratos, o eso pensaba.
Pero una semana antes de la boda tuvimos una discusión por el comportamiento de su hijo adolescente (de un matrimonio anterior) y yo me fui a dar un paseo. Al volver, él intentó cerrarme la puerta empujando desde el otro lado para no dejarme entrar. Cuando al final me dejó pasar, estaba quitando todos los muebles de la habitación y los había dejado en la entrada de casa. Vivíamos en una casa que le habían regalado sus padres a él, pero yo la había pintado y amueblado. Me estaba echando de “su casa” y de mi hogar durante los últimos tres años… a una semana de la boda.
Me quedé en shock. Fui detrás de él como un perrito abandonado, la verdad. No había justificación para algo tan extremo, pero me invadió el terror, y creo que acabé dándole la razón en todo para que se le pasara el berrinche.
El día de la boda estuvo genial. Fue muy bonito. Él leyó un discurso en el que decía que yo era lo mejor de su vida, que quería envejecer conmigo, bla bla. Pero al día siguiente, ya en la luna de miel, decidió irse a enseñarles la ciudad a tres amigos suyos que habían venido desde lejos. Me dejó sola en casa. Yo pensé que sería solo un par de horas, y como estaba eufórica por la boda, no me pareció mal. Pero volvió por la noche, tras pasar todo el día con ellos. Cuando regresó, le dije —con mucho dolor, pero tranquila— que se había pasado tres pueblos. Me sentía abandonada en un momento tan especial.
Su respuesta fue que se había ido por mi culpa, porque no estaba bien conmigo, y que encima el día de la boda yo había bebido bastante y que no habíamos tenido sexo esa noche. Me pareció escalofriante. El día anterior decía que era el mejor de su vida y, al siguiente, que estaba mal conmigo y que me merecía que desapareciera el primer día de la luna de miel.
Aquello me traumatizó tanto que le dije que no podía ni mirarle a los ojos. Me alejé físicamente de él en la cama porque necesitaba procesarlo. Al día siguiente nos íbamos a Tailandia. Él entró en la habitación y como yo seguía en silencio, explotó, cogió su maleta y dijo que se iba solo y que yo tenía los 20 días de la luna de miel para vaciar mis cosas de su casa.
Le oí abrir el garaje, arrancar el coche… y yo solo podía mirar a la pared, pensando que era demasiado, que no iba a ir detrás de él, que tenía 20 días para explicar a mi familia que me iba a divorciar recién casada.
A la media hora volvió a por mí. Casi perdemos el avión. Yo decidí subirme al coche, aunque mentalmente estaba más fuera que dentro. La luna de miel os la podéis imaginar. Se corrió un tupido velo. Fue un viaje, pero no una luna de miel.
Cuando volvimos, enterré todo eso en el fondo de mi subconsciente y seguí con la relación. Después vinieron muchos gestos de dominio sobre mí: cancelar planes sin consultarme, faltas de respeto como quitarse el anillo y tirármelo a la cara, decirme que fue un error casarse conmigo.
Cuando por fin nos llaman de la sanidad pública para hacernos una FIV que llevábamos esperando más de un año, él monta una escenita absurda y me dice que, si no hago ciertas cosas que él quiere, que me olvide de la FIV. Yo había tenido tres abortos consecutivos. Él sabía lo importante que era para mí ese momento. Llevaba un año preparándome: dieta estricta, suplementos, acupuntura, fisioterapia… como si fueran unas olimpiadas. Y justo cuando nos dan la oportunidad, él amenaza con no ir. Igual que con la boda. Igual que con la luna de miel.
No pude más. Lo dejé.
Volví a casa de mi madre. Le conté todo a mi familia, que nunca había visto esa cara de él. Solo conocían al encantador. Se horrorizaron y cerraron filas en torno a mí.
Lo que vino después fue un ataque de ira por su parte. Me culpó de todo, incluso de lo que él había hecho. Tiró mi ropa por el garaje lleno de grasa. Me dejaba notitas un día para recuperarme, y al siguiente diciéndome que era lo peor.
Estoy traumatizada porque durante casi seis años estuve construyendo un futuro con él. Estudié una oposición para tener un trabajo mejor. Me cuidaba como una atleta para quedarme embarazada. Y mi cabeza aún no lo entiende. ¿Cómo se pasa de ser lo máximo para alguien a que te trate así?
Él nunca asumió nada, solo que tenía mal carácter a veces. Pero decía que me perdonaba mis defectos y que él nunca me habría dejado.
A veces creo que irme fue lo único digno que podía hacer. Pero otras, mi cabeza se va a los momentos felices, cuando sentía que estaba donde quería estar.
Ahora tengo casi 42 años, no tengo pareja y no sé si podré tenerla. El tema de la maternidad me quita el sueño. No veo salida, ni ilusión posible. A veces pienso que cometí el peor error de mi vida, que si me hubiera ido un par de días, él habría cambiado. Pero mi voz interior me dice que era un patrón, y que lo habría vuelto a hacer en cuanto me sintiera segura otra vez.
Ha pasado casi un año y medio, y la gente cree que ya debería haber pasado página. Pero no puedo.
Gracias por leerme.
