Pues en mi caso, yo me ducho dos o tres veces a la semana en invierno y mi marido todos los días porque tiene piel atópica y el sudor le irrita muchísimo. Estamos en la misma casa y tenemos rutinas totalmente distintas… y oye, seguimos conviviendo sin drama ni riesgo biológico.
Por eso creo que no es un tema de educación, sino de higiene adaptada a cada persona. Más frecuencia no siempre significa más salud: depende del tipo de piel, de si sudas, del clima… aunque parece que aquí hay una especie de norma universal no escrita de “cuanto más, mejor”.
En realidad, ducharse en exceso puede afectar a la barrera natural de la piel y al equilibrio de bacterias que nos protegen. Pero claro, como hueles a gel con perfume, ya eres más limpio. Además, muchos geles, champús y cosméticos llevan sustancias que son disruptores endocrinos, cuánta más frecuencia también es más exposición, aunque eso no os preocupa… ¿Enfermos? Sí, pero ¡mira qué limpios somos! (También es verdad que en la ciudad hay muchísima contaminación que se queda en la piel y es importante retirar para evitar otros problemas.. y por eso no viviría nunca en la ciudad si puedo evitarlo, jejeje)
Y luego está el tema ambiental, que curiosamente tampoco preocupa mucho: una ducha diaria implica bastante consumo de agua y energía, y todos esos productos acaban en las aguas grises. Aunque se traten, muchos compuestos no se eliminan del todo y terminan en el medio ambiente. Pero bueno, mientras huela a coco, parece que compensa. Por el camino, nos vamos cargando el planeta. El que venga detrás, que arree.
Que sí, evidentemente si hay olor o incomodidad, te adaptas y punto, que para convivir estamos. Pero de ahí a decir que no ducharse todos los días es falta de higiene o de educación… hay un salto bastante grande. Y si antes que no lo sabías no te molestaba, ¿Por qué te tiene que molestar ahora?
Al final da la sensación de que confundimos “oler a limpio” con “tener educación”, y no tiene nada que ver.