Empiezo a preocuparme. Me gusta follar como a todo hijo de vecino. Me gusta porque me da placer y también porque me relaja.
Ultimamente llevo un aépoca muy nerviosa por temas de trabajo, y he encontrado en el sexo un relax que me hace buscar a mi pareja todos los días, e incluso varias veces al día. Ya que durante ese rato no pienso en nada y consigo relajarme.
El problema es que siento que busco hacerlo no porque esté cachonda ni excitada todo el día, sino porque sé que será mi rato de NO PENSAR. Y esto me preocupa.
Mi pareja dice que lo debería consultar con un psicólogo, porque a él le parece bien follar mucho, pero no quiere que me sienta mal si alguna vez a él no le apetece.