Aquí estoy, después de mucho pensarlo, escribiendo sobre lo que me pasó este verano. Y porque no sé si quiero que se repita, o que se quede como un muy buen recuerdo.
Pongamos que somos dos amigas que se van de vacaciones a cierta ciudad de España. Más de 600 km de distancia de la ciudad de residencia. Y cuando vas por la calle de repente ves a alguien, y lo sientes.
No, no es amor a primera vista (después de mucho pensarlo, no creo ni que exista). Es ATRACCIÓN a primera vista. De repente todas tus hormonas se ponen de acuerdo para decirle a tu cerebro que ese hombre sí, y a trabajar para «tirarle la caña». Que te lo puedes pasar muy bien con él. Y tienen toda la razón.
Ni siquiera se parece físicamente a los chicos en los que me suelo fijar de normal. Me lleva más de diez años, tiene una historia rara con su (ex)novia, y es muy introspectivo. Además, en ese momento pensé que ni de casualidad él había pensado lo mismo. Esa misma noche, cotilleando el Tinder, lo vi. Y por supuesto, hacia la derecha. ¿Sabéis ese momento de intriga en el que piensas «ay la he liado, va a pensar que estoy loca»? Pero de repente, chas, aparece el match. Unas cuantas risas con mi amiga por la casualidad, y esa noche, fin de la fiesta. A dormir.

Ay amiga, pero al día siguiente. Tonteo por la mañana a través de Tinder, nos dimos los teléfonos. Y quedamos para cenar. En grupo, por supuesto. Para conocer sitios diferentes de la ciudad. Para reírnos y divertirnos. Pero al final, después de mucho tonteo, hubo final de fiesta.
Y qué final…Nada parecido a los chicos anteriores. Más calma, más delicadeza, más locura. Sabe lo que se hace, y cuando hacerlo. La experiencia la dan los años, dicen. Una noche que acabó en día.
Y además nos teníamos que ir de la ciudad. Y pensé que se quedaría allí la cosa. Pero no, aquí estamos, hablando cada cierto tiempo, pensando en si volver a vernos. Él insistiendo en que vaya a verlo.
Y aquí estoy, pensando como cruzar más de 600 km, cuando hacerlo, y en si merecerá la pena ir, o es mejor que se quede en un gran recuerdo. De esos que se quedan grabados en la piel, en más de un sentido…