En una ocasión uno de mis hermanos en una de esas platicas profundas que se tienen de vez en cuando con ellos, o con los amigos, incluso con los padres, sin saber el cómo es que se llegó a ese momento de la conversación, me hacia esta pregunta y que últimamente me ronda mucho por la cabeza: ¿si pudieras volver al pasado, volverías a hacer todo de la misma manera? De ese momento no tengo muy claro que fue lo que le respondí, pero he hecho mucha introspección en estos días sobre el tema.
Lo que uno responde cuando son preguntas de ese tipo, lo hacemos basados en la certeza de nuestra realidad, tal vez la respuesta típica “no, no quisiera cambiar nada”, explicando que de no ser así no seriamos las personas (o hablando por mi), no sería la mujer que ahora soy, sin esas experiencias y esas decisiones de vida tomadas, mi vida no sería la misma, eso lo tengo claro. Es lo que esperas decir y lo que el otro espera escuchar, ¿no?
Pero y que tal si respondo, basándome en el “hubiera” (que ya sabemos que no existe pero cuanto lo anhelamos en ocasiones). Qué tal que responso que totalmente hubiera cambiado muchísimas cosas de las que hice por otras, hubiera hecho las que deje de hacer y por supuesto no hubiera tomado tantas malas decisiones y en su lugar hubiera tomado las correctas. Definitivamente que ahí mi vida no sería la misma.
Estaría respondiendo basándome en mis experiencias y en la sabiduría y aprendizaje que estas dejaron en mí y con la premisa de no querer cometer los mismos errores, obviamente que a mi joven yo no la dejaría pasar todo lo que pasó y de ahí todo sería distinto. Pero vuelvo entonces a lo anterior, yo no sería lo que soy ahora si no hubiera pasado por todo eso, y las cosas que tengo ahora en mi vida es gracias a eso, y las personas que ahora conforman mi entorno también es debido a eso. Y ahí es cuando me doy cuenta que simplemente no debo cambiar nada, aunque se pudiera. Porque entraría en un choque de contradicciones con las cosas buenas de mi pasado y las no deseadas pero que a la larga han dejado más en mí de lo que me han quitado.
Tal vez la decisión que tome en mi juventud de dejar a mi novio del bachillerato, mi primer amor, por el madurito interesante el cual me deslumbro y con el cual tuve una relación de 7 largos, co-dependientes y tormentosos años no la hubiera tomado, pero ahí viene la primera contradicción, porque de esa relación tengo a mi hermosa hija y es lo mejor que me ha pasado en la vida y porque también aunque hubieron más momentos malos, los buenos me hicieron muy feliz. Entonces ¿volvería a tomar la misma decisión?
O siguiendo con otro ejemplo, ¿cambiaría el hecho de haberme enamorado profundamente de un hombre que jamás me amo a mí? ¿Solo por querer evitar todo ese sufrimiento? pero ahí viene otra contradicción, es por esa experiencia que ahora me valoro más en la vida como mujer, como persona merecedora de amor, es por esa experiencia que se lo que no quiero, no necesito y no deseo en mi vida.
Y ejemplos como ese existen muchísimos que puedo mencionar pero que no es necesario hacerlo, porque se dan una idea. Además de que, regresamos a lo mismo, él hubiera no existe.
¿Si pudiera volver al pasado, volvería a hacer todo de la misma manera? Quizá si, tal vez no. ¿Quién sabe realmente? No se puede y no se debe. Lo que si se, es que escucharía más consejos, buscaría más apoyo en las personas en las que confío y confían en mí. Por un lado pensaría más las cosas y por otro me dejaría llevar por el momento. Y es lo que hago ahora. Aprender del pasado para tener un mejor futuro.
Porque como dice la segunda ley de la espiritualidad “lo que sucede, es la única cosa que podía haber sucedido”.
“Nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el “si hubiera hecho tal cosa, habría sucedido tal otra”. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo”.