Marta Peñate, televisiva, polémica, muy de su estilo había contado que seguía fumando estando embarazada porque su ginecólogo le dijo que era peor la ansiedad de dejarlo de golpe. ¿Opinable? Claro de hecho lo hicimos por aquí.
Y entonces llegó el aborto. Y con él lo más mezquino del internet.
Comentarios del tipo “es tu culpa”, “para qué lo cuentas tan pronto”… Porque no solo ha perdido un embarazo deseado, probablemente muy esperado, sino que ahora también tiene que tragarse la basura moralina de miles de personas que se creen con derecho a explicarle cómo debía vivir su gestación. O su duelo.
Vamos a ver si nos aclaramos: si no lo cuentas, invisibilizas el aborto. Si lo cuentas y lo pierdes, te acusan de gafarlo, de exponerte demasiado, de no proteger algo “tan íntimo”. ¿Entonces qué? ¿Las mujeres embarazadas solo pueden hablar si todo va bien? ¿Solo pueden existir públicamente si el final es feliz?
Señoras y señores, el aborto espontáneo es más común de lo que queremos creer. Pero como no se cuenta, como se tapa, como se vive en la intimidad forzada del “mejor no lo digas hasta el tercer mes por si acaso”, lo que ocurre es que cuando llega muchas lo viven solas sin saber que les ha pasado lo mismo que a miles.
Y esto va más allá de Marta. Esto nos pasa a todas. A las que lo contamos. A las que no. A las que fuimos prudentes y aún así lo perdimos. Parece que hagamos lo que hagamos siempre va a estar mal. Ahora Marta dice que está tan traumatizada que ya no publicará nada más. No sé, no digo que lo haya hecho todo perfecto pero me da pena toda esta situación. Todos rajamos y rajamos sin pensar más allá.
