Hola.
Hace poco más de un mes lo dejé con mi pareja, llevábamos dos años y medio juntos y considero que fue la persona que más he querido y con la que más conexión he tenido nunca. Sin embargo, cada vez eran más habituales las discusiones, que aunque eran por tonterías, el siempre acababa gritando y su respuesta cuando yo le pedía que no lo hiciese era «si me pinchas, bailo». Gritos incluso en público, de su parte hacia mí, NUNCA al contrario, porque yo siempre me callaba para evitar conflictos y una escena en la calle. Con alcohol era peor, porque eso ampliaba la bola.
Por otra parte, yo necesito moverme por trabajo bastante, y eso es algo que el nunca llegó a aceptar, diciendo que lo abandonaba y que de repente quería vivir de mochilera. Además, cuando estaba muy agobiada y me iba unos días a mi pueblo (vivíamos al sur de España pero yo soy del norte) me decía que lo estaba abandonando, que huía. En lo relativo al trabajo, simplemente me dijo que el quería asentarse y tener una familia, pero nunca aceptó la opción de que yo me fuese, o de mantener una relación de esa manera, que es algo totalmente posible, porque desde mi punto de vista tener que moverse por trabajo es una circunstancia, no el fin de una relación (claro, el tiene 39 años y yo 25). Era celoso, se enfadaba si quedaba con otros chicos aunque fueran personas con las que yo nunca tendría nada, me engañaba con el dinero, y un largo etc. De hecho, tras la ruptura se ha puesto de muy malas maneras.

Incluso tras la ruptura he comenzado a quedar con un chico que es todo lo contrario, dulce, respetuoso y nada invasivo, lo cual me hace sentir bien, y me saltan comparaciones continuas porque no asumo sentirme así de bien, sin ansiedad.
A pesar de todo, y de ser consciente de manera racional de que ni yo ni nadie merece que le griten, le insulten o le hagan diferentes tipos de chantajes, no puedo evitar parar de pensar en la cantidad de momentos buenos que vivimos y el círculo social en el que él estaba y en el que a mí me gustaba estar por el hecho de ser su pareja. No paro de tener pensamientos recurrentes de culpa, por no estar con el, y de pena por saber que todo lo bueno que hubo, porque lógicamente sino no habría estado con el tanto tiempo, no va a volver, además de saber que si en un remoto caso volviera, me echaría en cara todo esto. Además, pienso en que cuando vuelva a la ciudad en la que vivíamos juntos, me gustaría verle, aunque todo eso puede acabar regular.
Estoy bien como estoy, pero creo que no estoy superando haber dejado a esa persona, tal vez por dependencia o por aferrarme a lo que fue.