Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Sólo tengo conexión sexual con mi marido.
Conocí a mi marido en un momento de mi vida, muy caótico, pero a la vez de mucho cambio, teníamos ya 30 años, y fue una conexión, a muchos niveles, no tanto quizá personal, cómo de almas gemelas, sino una atracción física brutal y que estábamos los dos en un momento muy parecido de nuestra vida.
Jóvenes, guapos, extrovertidos, con un buen nivel económico, todo de cara, empezamos una relación sin problemas, e aparentemente idílica.
Viajamos mucho, nos casamos pronto, tuvimos dos niños que llegaron casi a la primera, nos compramos una casa, y una segunda residencia, continuamos viajando con los niños y en nuestros trabajos progresamos.
El sexo siempre estuvo muy presente en nuestra relación, al principio había mucho, muchísimo, e incluso con el paso de los años, y los hijos, manteníamos un buen nivel de encuentros sexuales, porqué es ahí donde conectábamos, dónde nos reconciliábamos, y dónde éramos más nosotros.
Hace un año conocí a alguien que es el opuesto de mi marido, a todos los niveles, físico, con diferentes hobbies, con un pensamiento profundo, empático, y con una mente tremendamente atractiva.
Durante todos estos meses he tenido una conexión con él que nunca había tenido, hablamos de todo, y mucho, justo el primer mes de conocernos, se fue a trabajar fuera, por lo que hemos quedado muy poco en persona, puesto que lo hacíamos sólo cuando venía de visita a ver familiares, pero, hemos hablado casi cada día durante este año.
Con mi marido, simplemente, seguíamos igual, con una relación vacía, y llenada por los ratitos de sexo, es cuando me di cuenta que pocas conexiones tenía con él, que no podía hablar de nada, pero que me encantaba acostarme con él, y habíamos mejorado muchísimo.
Sin quererlo me vi esperando su mensaje cada día, y me afectaba los días que no lo había, hablar con él me cambiaba el humor, las ganas, y la manera en que afrontaba el día. Me apetecía contarle todo. Me gustaba su forma de ver el mundo. Su humor. Su manera que tenía de desafiarme intelectualmente. Me gustaba su sensibilidad. Su madurez. Su independencia. Su bondad. Me gustaban sus convicciones. Pero sobretodo me gustaba su capacidad de verme cómo nadie nunca me había visto. Me gustaba la versión en que me había convertido con él, aunque fuera al otro lado del teléfono.
Creo que me enamoré de él ( ¿puede ser eso? )
Él se dio cuenta de esta conexión, tan fuerte, que creo que era mutua, y sabiendo que estaba casada, se apartó, para que no fuera tan intensa, tan dependiente, lo hizo gradual, de una forma educada, sin ghosting. Pero se apartó. Y dejó de ser lo “ del principio “, aunque no despareció, puesto que nos hemos seguido contactando.
Y yo cobarde, (por miedo a reconocer nada y verme no correspondida), y sabiendo que había elegido apartarse de mí (y por lo tanto creí que no sentía lo mismo que yo ) , acepté sin más que había sido una tontería, una ilusión, y me volví a centrar en mi matrimonio.
Pero no lo he conseguido, y estoy triste y sin brillo. Conforme se ha diluido el contacto, y más espacio hay entre nuestras conversaciones, más lo echo de menos, los días se me hacen más largos, , pienso en él en todas horas, me invento cualquier excusa para saber de él , fantaseo con verlo y estar con él, incluso con tener contacto físico con él.
Con mi marido, sigue todo igual, todo aparentemente idílico, y el sexo, aunque sigue siendo bueno, ya no lo es todo, porqué mi cabeza se va a otros lugares.
Así, que chicas ¿qué será de mí?
¿Tengo que asumir que esto va ser así siempre y olvidarme de lo bonito de la “otra historia” que nunca llegó a ser nada, pero para mí lo fue todo?
