Holi!
El otro día me entró un chico en una discoteca – cosa que no ocurría hace mucho mucho tiempo -. Yo ya me he acostumbrado a no ligar de noche y para ser sincera por completo, me encanta que mis noches no se centren en localizar a un tío con el que comerme la boca un rato o tontear como adolescentes.
Pero resultó que el otro día como os digo estábamos en la discoteca de siempre y a nuestro lado había un grupo de chicos de lo más normal. De pronto uno de ellos se me acercó y me preguntó mi nombre, muy educado, muy bien. No le vi para nada trazas de meterme fichas así que me puse de charleta sin más.
La cosa fue que después de un rato mis amigas dijeron que cambiábamos de sitio y me despedí de él sin más. Me dijo que a ver si coincidíamos en algún sitio y nada más.
Pero para eso de las 5 am que yo ya estaba dando por finalizada mi noche resultó que me lo volví a encontrar en la calle. En esa ocasión se le veía un poco más perjudicado sobre todo se le notaba porque entonces sí me vino a meter fichas desde el momento en el que se dio cuenta de quién era yo. Nada más acercarse me empieza a comer la oreja con que menudo pivón soy y que encima de buenorra soy majísima y cosas del estilo. Le pedí que guardase un poco las distancias y mientras mis amigas se despedían de unos colegas mantuve la compostura para no mandarlo a la mierda.
Se iba y volvía, se me acercaba y hacía alguna gracieta para llamar mi atención. Yo le decía que todo bien pero que no me apetecía ese juego. En estas que se acerca y me pide disculpas, me dice muy serio que él no es así pero que se ha tomado unos chupitos que le han sentado muy mal y que se va a arrepentir siempre de haberme entrado de esa manera. Me preguntó que si en la otra discoteca me había caído bien y yo fui sincera, le dije que sí. Entonces se pone más serio y me dice que es que claro, es evidente que yo soy la chica perfecta para ir en serio, con mis curvas, así tan arregladita y que seguro que cocino de vicio.
La cara de idiota que se me quedó fue buena. Me dio la risa y solo le pude añadir que de cocinar más bien poco, y que si quería saberlo, yo, la gorda, como cualquier otra tía, puedo saber o no hacer un huevo frito, puedo ser una diosa en la cama o puedo hacer la estrella de mar y también puedo ser una desagradable de las mejores cuando un baboso borracho me suelta mierdas en plena calle. Resopló como mandándome a la mierda y se fue.
Esto es lo que nos toca, las gordas somos las mujeres con las que casarse porque teniendo estos cuerpos, mínimo, unos buenos potajes nos debemos marcar. Cuánta paciencia necesitamos!!!!!