No vengo a crear debate y a cuestionar a nadie como madre. Simplemente necesito decirlo, escribirlo, gritarlo y este es el único espacio en el que me he atrevido.
He sido madre hace dos meses de un maravilloso niño.
Cuando me enteré que era niño ya empezaron los comentarios rancios: «No te preocupes, al siguiente la niña», «¿Tu querías niño?», «Una niña luego es más apegada a su madre», «El primero siempre niña para asegurartela, luego ya lo que Dios quiera». Señoras del mundo, quiero una criatura sana, me da igual si es niño o niña, quiero criar a un bebé que sea buena persona, es mi mayor prioridad.
Desde siempre he escuchado comentarios sobre la maternidad. Comentarios en los que nos dan a entender que para ser buena madre hay que dar a luz sufriendo porque «antiguamente pariamos sin epidural». O comentarios actuales «pedir la epidural es no sentir la experiencia de ser madre». A mitad de mi embarazo comencé a visualizar mi parto, estaba dispuesta a intentarlo sin epidural, si las mujeres de antes podían , ¿Por qué yo no?. Pero conforme se fue acercando el momento, mi cuerpo decía que me iba a esperar una cesárea del tamaño de una catedral. Y ahí estaba yo, semana 39, tensión dislocada, cesárea «de urgencia» el mismo día que voy a revisión. Mi ginecólogo, jefe y amigo, me dice que sabe que me encantaría intentar parto natural, por lo que me pone el gotero durante la mañana. Os juro que cada vez que venía a ver si dilataba, pedía a Dios que así fuera. Nada. Cero. La bolsa cada vez más alta. Me toca bajar a quirófano.
Recuerdo la sensación de nervios y me derrumbo, no podía más. Soy una piedra en mi día a día pero ese momento fue duro, en mi cabeza solo sonaba: «No vas a sentir nacer a tu hijo.» Y os juro que me partía el alma en mil pedazos.
Me salto la parte técnica de la cesárea. Nace, ahí estaba mi hijo. Me lo enseñan por la cortina, lo revisan, lo tapan y me lo dan para hacer el piel con piel mientras me cosen. Él se calma al contacto conmigo y yo comienzo a llorar.
Casi 4 días en el hospital. No podía levantarme para acudir a su llanto. No podía estar de pie para cambiarle el pañal, todo lo veía de lejos. No me subía la leche, no podía alimentarlo, su glucosa bajaba. Noches de llanto por no poder hacer de madre, por no cumplir con lo que socialmente se supone que es ser buena madre.
¿A quien no le han preguntado si le ibas a dar el pecho? Pregunta estrella en el embarazo. «¿Le vas a dar pecho? Es lo mejor , los bebés se tienen que criar así, es una experiencia maravillosa y una conexión brutal.»
Todas las matronas te hablan de lo fantástica que es la leche materna y, crucifican, quizás de manera inconsciente, o no, a las que utilizan la lactancia mixta o únicamente de fórmula.
Pues ahí estaba yo, en aquella habitación de hospital, mi bebé llorando por hambre, yo de desesperación y probando cada uno de los trucos que las matronas me habían enseñado. Que si ahora con una jeringa, que si mete el dedo para que succione y luego una jeringa, que si pegatelo al pecho y cuando succione le metes la jeringa y que piense que sale del pecho … Y mientras, mi bebé bajando en glucosa. A ninguna le importaba que un bebé de 4’5kg llorara de hambre y no estuviera alimentado.

Os juro que fueron días duros, en los que me sentía de todo menos madre, en los que me hicieron sentir mal, como si no quisiera darle pecho al ser que más quiero en esta vida. Sus miradas se me clavaban.
Y ahí entró el papel de mi madre. ¿Hay algo más maravilloso que una madre?
«-Hija, toma y dale un biberón que se calme. No eres menos que nadie por no darle pecho. A mí tu abuela no pudo darme y siempre la he querido con locura. Ser buena madre es tomar las decisiones que crees que son mejor para tu hijo.»
Y después de días sin poder levantarme de la cama, de andar sujetándome la barriga, de ver cómo cuidaban a mi hijo y yo apenas podía tenerlo encima, de bajadas de tensión, de entuertos ( que joder que dolor), de curas y sangrado, de dolor de las grapas.. llego a casa y fuera de las miradas inquisitoras, entre mi madre y yo le damos un biberón y, por primera vez en cuatro días, a mi hijo le cambia la cara. A partir de ahí, dos noches más tarde me sube el pecho y opto por la Lactancia mixta. Aunque esto queda entre vosotras y yo, porque cuando la gente pregunta: «¿Le das el pecho?» (¿Y a usted que le importa, señora?) Yo , tonta de mi, explicaba lo de la lactancia mixta. «Uh… Tu pégale el pecho que eso eso mejor del mundo.» Pero ahora a toda persona o ser viviente que me pregunta: «Si, claro, le doy pecho que es lo mejor que hay.»
Lo que usted no sabe, señora, es que mi hijo no puede tomar más de tres tomas seguidas de pecho, porque es como que le faltase y llora y no voy a dejar a mi hijo llorar por ideas impuestas.
Vivimos en un mundo en el que ponemos en valor tantas cosas… Que no nos paramos a pensar en lo que creamos en esas madres que, como yo, no hemos tenido ni amamantado a nuestro hijo de la forma que se debe de hacer. Quizás esto es depresión posparto, quizás nosotras mismas nos juzgamos duramente sin necesidad.
Si esto sirve para alguna que haya estado en mi situación o en alguna parecida, tranquila, lo estás haciendo muy bien. Eres la mejor madre para tu bebé. Sigue hacia delante y no te dejes cohibir por gente externa a ti y tu pareja. Sé feliz.