Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me he mudado hace poco a una urbanización y por lo que he oído aquí celebran Halloween a lo grande. Casas decoradas, niños disfrazados, caramelos y toda la vaina.
A ver me parece bien que la gente se lo pase bien, pero yo no puedo con los niños tocando el timbre cada dos minutos.
No me gusta el jaleo, ni quiero dejarme un euro en chuches o tener que lidiar con niños la verdad. Y mi marido opina lo mismo.
Mi pregunta es seria: ¿creéis que es muy cruel poner un cartel en la puerta que diga NO MOLESTAR, NO DOY CARAMELOS?
Lo digo en serio no quiero ser la vecina amargada, pero es que tampoco quiero pasar la tarde escondida detrás del sofá esperando a que se cansen de llamar.
¿Lo haríais o me estoy convirtiendo oficialmente en la vieja gruñona del vecindario? JAJAJAJA
