Soy una persona bastante solitaria. No necesito quedar con amigos constantemente ni tener planes todo el tiempo. Además, nunca he llegado a encajar del todo con ninguna amiga. No es que sea una mala persona, ni celosa, ni nada por el estilo; simplemente creo que soy diferente y no tengo ese don natural para caer bien a la gente.
Trabajo mucho, porque tengo dos empleos de lunes a viernes, y eso ya me mantiene bastante ocupada. Además, uno de ellos es de cara al público, así que paso el día interactuando con otras personas. Los fines de semana suelo estar más libre y, aunque sinceramente me quedaría encantada en casa, me esfuerzo por quedar con gente por mi hija.
Tengo asumido que soy así y estoy bien con ello, pero sí me gustaría que mi hija fuera más sociable que yo. Hubo momentos de mi vida en los que me habría gustado tener amigas de verdad: de esas que te abrazan cuando lo necesitas o con las que puedes desahogarte. Por eso lo hago, sobre todo por ella. Digo “lo hacemos” porque mi marido es igual que yo.
Solemos quedar con otras parejas que también tienen hijos. Tenemos un grupo de WhatsApp y salimos bastante, sobre todo con una familia con dos niñas que se llevan muy bien con la nuestra. Pero desde siempre, la madre de esas niñas suele hacer algún comentario a cosas que digo o hago. Son detalles pequeños, pero me hacen sentir mal, como si me restara valor.
Por ejemplo, una de sus hijas se llama como una santa —digamos Carmen—. Cuando fue el día del Carmen, le escribí por el grupo: “Felicidades a la pequeña Carmen por su día”. En lugar de responder “gracias”, me contestó: “Nosotros no somos religiosos, así que nada de felicidades”.
Otro ejemplo: este año las dos familias fuimos a Disney, aunque en fechas distintas. Yo le había recomendado el todo incluido porque a nosotros nos pareció una buena opción. Al final, ella también lo contrató, pero luego me dijo —con un tono bastante seco— que no les había gustado nada, que se sintieron “atados” a ciertos menús y tuvieron que pagar otros. No fue tanto lo que dijo, sino la forma en que lo dijo, como si estuviera enfadada conmigo.
Ella tiene muchos amigos y cae bien a todo el mundo. En cambio, yo no. Así que no puedo evitar pensar que quizá el problema soy yo. Pero… ¿os parecen normales esas contestaciones? Son solo un par de ejemplos, pero situaciones así se repiten a menudo.
