Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me gustaría no sonar mala persona. Pero creo que puede ser complicado. No quiero parecer insensible, Dios sabe que si hubiera sido al revés hubiera hecho lo mismo que mi novio pero… Creo que esto me supera y no sé cómo afrontarlo.
Veréis, mi suegra se divorció hace cosa de un año. Fue un mal matrimonio lleno de malas decisiones y días pésimos. No sufría maltrato, pero definitivamente era un hombre tóxico y mujeriego. Mi novio y su hermano habían sufrido su temperamento. Después de muchos años de insistirle sus hijos, mi suegra consiguió divorciarse. Todos pensamos que era lo mejor, podría cuidar de si misma para variar. Podría empezar a salir con la familia, con las amigas, podría empezar a vivir. Lo que no contábamos es que no supiera hacerlo. Parecía muy decidida cuando firmó los papeles. Por un momento se la vio libre y feliz.
Los primeros días era alguien nueva, redecoró la casa como siempre quiso, hizo lo que siempre quiso, se compró ropa nueva, se cambió el pelo. Pero de repente empezó a deprimirse, y por mucho que entre mi cuñado y nosotros dos tratáramos de alegrarla no hubo manera.
Para que no estuviera sola entre mi cuñado y nosotros nos turnábamos para comer con ella, o quedar a tomar un café. De repente un día empezó ella directamente a llamarnos para comer, o tomar un café, cuando nos quisimos dar cuenta se presentaba en casa con comida, o se ofrecía a hacérnosla.
La verdad es que no nos importaba porque parecía que por fin volvía otra vez a ser feliz. Y si hubiera sido mi madre hubiera hecho lo mismo. Pero en algún momento la cosa se descontroló. Empezó a venir casi todos los días a casa, venía y no sólo preparaba la comida y comía con nosotros, limpiaba la casa, y nos lo hacía todo. Y de verdad os lo digo, estoy encantada con la ayuda y ella es una mujer encantadora. Pero se me estaba empezando a hacer difícil la falta de privacidad. Se que mi novio se sentía como yo, pero también se sentía culpable por dejarla sola.
Una noche se quejó de que era demasiado tarde para volver a casa y se quedó a dormir. Desde entonces está en casa durmiendo la mayoría de los días. Apenas va a casa dos o tres días por semana y eso con suerte. Aunque parezca feliz se que en realidad lo hace porque se siente sola. La entiendo, no debe ser fácil salir de un matrimonio así de dependiente, y de repente verse sola. Pero tampoco se trata de tenerla en casa con nosotros.
Creo que necesita ir a terapia. Pero ella dice que no, que no hay nada malo en pasar tiempo con sus hijos, aunque en realidad sólo se queda a dormir en nuestra casa. A casa de mi cuñado no va a dormir.

He hablado con mi novio y mi cuñado, quizás buscarle un perro, cogerle un piso más cerca de nosotros. Lo que sea, pero la madre se niega a nada de eso. Dice que está bien así y que así es feliz. Y yo no voy a echarla de casa, ponerle la maleta fuera y cambiar la cerradura. No soy así. Pero quiero recuperar mi vida.
En otras circunstancias de verdad estaría encantada de tenerla en mi casa, le decoraría la habitación de invitados sin pensarlo. Pero creo que eso no le vendría bien. Está intentando suplir con nosotros la rutina que tenía antes con su ex marido y no me parece bien. Tiene dependencia y está empezando a ser agobiante.
Necesitamos convencerla de que vaya a terapia. ¿Alguna sugerencia?