Esta es la primera vez que escribo en el foro y quise compartirles mi dilema.
Tengo 20 años y estoy en la universidad, cuando tenía 3 años perdí a mi padre y la familia de él me alejó de mi madre (es otra historia que les contaré después) desde entonces he vivido con la medio hermana de mi padre y su marido (50 años mayores que yo), ellos me han dado techo y comida pero no han hecho nada más que eso, nunca se han tomado la tarea de escucharme, tratan de imponerme su forma de pensar y me prohíben cosas absurdas.
Siempre traté «de ganarme lo que me daban», fui la estudiante brillante y hacía absolutamente todo lo que ellos me decía, aun si significaba renunciar a algo que quería, en la adolescencia pensé que todo mi esfuerzo por ser «la hija perfecta» darían frutos, pero me equivoqué, se volvieron severos conmigo (en especial el marido de mi tía), nunca me dejaron salir con mis amigas a menos que tuviera que hacer alguna actividad académica, durante toda mi época escolar me privaron de tener acceso a internet (por suerte logré apañármelas), me obligaban a ir a la iglesia para catequizar niños y el día que no quería ir a misa me insultaban, no podía vestirme como quería, me prohibían maquillarme, me llamaban fea y gorda. A pesar de todo esto yo seguía cumpliendo con mis deberes: ser una buena estudiante y obedecer en todo; me acostumbré a salir exclusivamente por los recados, a regresar en 15 minutos, me acostumbre a ver como a sus nietas les daban el cariño que yo anhelaba, me comparaban con ellas, resaltaban su físico y su forma de ser. Me acostumbré a vivir con la esperanza de que algún día todo lo que había hecho cobrara frutos.
El último año del colegio conocí a un chico, nos gustábamos y empezamos a salir, lo correcto para mí era presentarlo en casa pero fue una mala idea, me insultaron como nunca, me amenazaron con echarme de casa y no apoyarme en la universidad, me sentí culpable y sentía que tenían la razón: solo un chico me distraería, desistí a regañadientes de la idea y me dediqué nuevamente a «mi deber», ese año gané todos los honores que existían en el colegio, honores que otros estudiantes no habían alcanzado, pensaba que mi familia al ver esto me apoyaría con la carrera que tanto anhelaba, ja ja ja ¡ILUSAAAAA! ni siquiera a mi graduación me acompañaron y me llenaron de insultos nuevamente: ¡Eres una mediocre!¡Todos esperábamos más de ti!
Tuve que entrar a una universidad pública «porque yo no era su hija y no tenían obligaciones conmigo» y aun así por poco no me pagan el primer semestre porque 30 Dólares era muy caro, por suerte me gané una beca y pude devolverles sus mugres 30 dólares. Desde que entré me daban 10 dólares para la semana, lo peor de todo es alardeaban con el resto de mi familia diciendo que me daban 50 dólares, , la verdad no me importó porque el dinero que conseguía era por mi cuenta.

En la universidad tuve que vivir con la hija de ellos, una mujer de 40 años, su esposo y su hija 6 años menor que yo, una vez más pensé que todo iba a ser diferente pero solo fue el comienzo de un infierno diferente, debía hacerle todo el deber y cocinarle, cada vez que salía el horario de mis clases me insultaban porque no me quedaba tiempo para «cuidar la hija de mi prima», debía llegar a casa a las 6, atender a su hija, cocinar, lavar los platos y arreglar ropa, al final solo me quedaba media hora para estudiar porque me obligaban a acostarme a las 9, alegando que yo no los dejaba dormir y por mi culpa tenían mala noche, ja ja ja se quedaban viendo series en NETFLIX hasta las 11 y la que no podía dormir era otra. Todos tres me hacían la vida imposible, el marido de mi prima vivía burlándosele mí diciendo que yo era pobre, que por eso estaba en una universidad pública y me ponía cosas baratas, incluso llegó a burlarse de mis bragas, mi prima pequeña decía que yo era una intrusa y quería que todo se lo hiciera, las tareas del colegio, que le llevara la comida a la cama y mi prima, la única que creía que sentía algún aprecio por mí, terminó diciéndole a mi tía que yo era una vaga que no hacía nada más que pintoretearme para tomarme fotos ¡POR DIOS! ¿QUÉ MAQUILLAJE IBA A TENER CUANDO NUNCA ME HABÍAN PERMITIDO USARLO? ¿FOTOS? ¡NI SIQUIERA TENÍA UN SMARTPHONE! Me dolió mucho ver que no importaba lo que hiciera, nunca iba a ser suficiente para ellos. A nadie de mi familia le importaba mi situación porque a fin de cuentas la que no era de la familia no podía exigir nada, solo debía aguantarse.
Después de tantos puntapiés logré entender que yo no les importaba en lo absoluto. Empecé a ir al psicólogo para lidiar con algunos problemas, nada más ni nada menos que ansiedad, un trastorno neurolingüístico y depresión. Al día de hoy estoy en casa de mis tíos por la pandemia, nada ha cambiado pero estoy llevando las secuelas que me han dejado, hice amigos maravillosos que han logrado entender toda mi situación y me apoyan, también conocí a un chico que me está apoyando económicamente para emprender un negocio, he estado dedicando más tiempo para mí y sobre todo estoy haciendo lo que yo considero correcto, con lo que me siento cómoda, así ellos se muerdan los codos. Mi meta es irme en un lapso de un año de este infierno y empezar a vivir todo eso que me he perdido.
Lamento si mi historia se hizo muy larga y gracias por leerme.
Firma, Diana.