Hola forito. Vengo con mis cositas.
El paso del tiempo no suele ser amable con la mayoría de los mortales. Si no tienes dinero y tiempo suficiente para cuidarte desde muy temprana edad, cuando van pasando los años, te das cuenta que empiezan a aparecer en tu cuerpo signos que te demuestran que ya llevas unas cuantas temporadas en este planeta. Llámale arrugas, pérdida de pelo, manchas en la piel, flacidez…
Bueno, pues a mí el paso de los años me ha regalado el que ahora mismo es mi mayor complejo. No ha sido una cosa de un día para otro, pero sí que en los últimos meses he sido consciente de que mis labios mayores se han descolgado y tengo un papo enorme.
Sí es cierto que últimamente, cuando hacía bicicleta estática, me notaba más molesta mientras hacía el ejercicio y más dolorida cuando lo acababa. También que, con las mallas de deporte, dicha sea la parte abultaba más. Marcaba un “camel toe” en toda regla, pero además como abombado, que se notaba más, vaya.
Pero la gota que colmó el vaso fue cuando, en mi última relación sexual, la persona con la que estaba, falta de tacto completamente por otra parte, me dijo sonriéndose que hacía tiempo que no veía un papo tan grande, mientras me daba toquecitos con el dedo.
Desde ese día, cada vez que me miro en el espejo, me parece ver las barbillas de un pavo, eso que le cuelga justo debajo del pico. Es que muevo mis caderas a un lado y a otro y veo cómo mis labios se balancean como si tuviesen vida propia, como si me quisiesen hablar. De hecho, alguna vez les he dirigido la palabra, echándoles en cara (¿o será en labio?) por qué motivo han decidido crecer tanto, o descolgarse o lo que sea. Que quién les ha dado permiso. Bastante tengo con mis arrugas, estrías y barriguita como para que tener que sumar a la lista la de tener un papo enorme y feo (porque además se ha oscurecido de forma notable). Por suerte, no me contesta, pero sigue llevando su propio ritmo. Es que hasta cuando voy a clases de zumba (en las que ya he desechado llevar pantalones ajustados y voy con chándal ancho), tengo la sensación que se mueven a su libre albedrío. Y no me pude concentrar bien en seguir la coreografía.
Hasta le he puesto nombre. Maximiliano.
Y con todo esto, estoy en una época de sequía autoimpuesta porque no me atrevo a volver a enseñar las partes. Un día probé a hacerlo a oscuras, pero es que estoy tan obsesionada que acabé impidiendo que me tocase y haciéndole yo un apaño.
Total, que, para poner solución a mi problema, una idea está cobrando fuerza en mi mente, ya que mi complejo me está condicionando mi día a día. Una labioplastia de labios mayores. Inconvenientes, que no soy muy fan de pasar por quirófano. Como que me pone muy nerviosa, vamos. Que son de cuatro a seis semanas de reposo absoluto para que la cicatrización y el resultado sean óptimos. Y no es que me vaya muy bien pillarme la baja ahora. Y, por otro lado, el dinero. Porque este tipo de intervención no está cubierto por la Seguridad Social precisamente. Y mi economía no es que se muy boyante que digamos.
Pero cada vez que salgo de la ducha y me miro en el espejo, se va fortaleciendo esta idea. Así que, por de pronto, estoy empezando a ahorrar. Por favor, decidme que no estoy sola en esto a ver si se me quita la tontería. Love yah.
