Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Conocí a mi marido y nos enamoramos, fue una historia bonita y aunque no rebose originalidad por los 4 costados, fue la historia que todo el mundo espera escuchar.
Jóvenes, guapos, un tonteo a través de unos amigos, noviazgo a los 20 y algo, viajes, trabajando en lo que queríamos, piso, boda y dos niños.
Poco a poco ese bucle de 10 años me atrapó y cuando quise mirar atrás no me reconocí ni sabía quién realmente y que quería, muchos aspectos de mi vida estaban cubiertos, pero era uno el que no era libre : el sexo.
Nuestras relaciones era normales tirando a muy buenas , pero muy convencionales, cuando yo le proponía algo distintos se ahogaba entre risas y luego un silencio.
Empecé a fantasear, a navegar por internet, a masturbarme con lo que me gustaría hacer con él, pero nunca me atreví a proponérselo por un miedo atroz a su rechazo.
Un día me armé de valor y contacté en una plataforma con un chico joven y me propuso ser pareja ficticia para ir a clubs de intercambio, dije que no que era una locura, pero al final meses más tarde acepté.
Desde entonces estoy viviendo la doble vida sexual más estimulante de mi vida, intento coordinar agendas o eventos para escaparme una noche y pasarla en un club, jugar a ser otra, y cuando llego a casa, estamos con mi marido mejor que nunca, mi humor es otro y estoy más feliz.
Llevo 3 años así y lejos de querer y poder parar voy a más y no me siento culpable, y siempre he pensado por qué no lo habré hecho antes, y que por supuesto nunca voy a compartir mi verdad porque nunca nadie lo va a entender. Y muchas aquí tampoco lo haréis. Pero esto va para las que sí. La vida es corta.
