Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
EL TEMA DEL ACOSO ESCOLAR ME ESTÁ PREOCUPANDO DEMASIADO. SOY MADRE DE DOS ADOLESCENTES.
Por todas partes leo noticias alarmantes sobre problemones relacionados con el acoso escolar. Estoy preocupadísima con el tema; es que soy madre y de adolescentes, que dentro de lo duro que es este tema, es , si cabe, aún es peor. Y si me paro a pensarlo es que me preocupa TODO. Me preocupa que sufran ese bullyng que tanto daño hace y me preocupa que se lo callen, o que no sepan qué hacer o que no tengan confianza conmigo o con alguien del centro para pedir ayuda, me preocupa que se sientan manipulados, chantajeados por una foto, un vídeo o a saber qué cosa. Y que la desesperación de sus pocos años,y su poca experiencia (aunque ellos se crean que lo saben todo), les haga cometer acciones de las que arrepentirse después o que les destroce para siempre. O que les mate. Que eso también pasa.
Pero por otro lado, me pongo a pensar, y esta centrifugadora que tengo por cerebro me lleva a lugares muy oscuros y muy dolorosos. Qué pasa si son ellos los que acosan? Qué pasaría si ellos fueran los causantes de ese dolor a otros niños? En este escenario mi cabeza colapsa. Ninguno de los dos escenarios en bonito, ni fácil, pero creo que en este segundo, además del dolor sentiría mi propio fracaso como madre y como persona.
Qué se hace, llegado el momento, de encontrarse en alguno de esos escenarios? Pues sinceramente no lo sé. Mi imaginación gótica y arrolladora no es capaz de ponerse en ese lugar. Entiendo que es un mecanismo de defensa. Por eso, ni puedo imaginar el dolor de unas familias que se encuentren en alguna de estas situaciones.
Pero lo que sí puedo hacer es tratar de proteger a mis hijos de convertirse en actores de estos dramas. Digo “tratar”, porque está claro que no hay garantía de éxito al cien por cien. Influyen muchos factores.
Que los adolescentes lo tienen difícil hoy en día es una realidad. Tienen que “luchar” con ellos mismos, con su propia adolescencia y al mismo tiempo navegar en el mundo que les ha tocado vivir, que siendo sinceros, fácil no es. Tantas ventanas abiertas al mundo saturan esa zona prefrontal que está en pleno desarrollo.
Reconozco que en mi época lo teníamos más fácil, incluso, en la difícil situación de haber sido el blanco fácil para alguien. Todo quedaba reducido a un pequeño grupo, que aunque significativo, ni trazas de lo de ahora. Que un vídeo o una foto rule de pantalla en pantalla es motivo más que suficiente para entrar en pánico y que te paralice el miedo. O, por otro lado, lo fácil que es compartir esas fotos o vídeos sin ser conscientes del daño que se hace.
Por otro lado, las eternas comparaciones con todo lo virtual; modelos imposibles de alcanzar, objetos imposibles de tener, viajes imposibles de hacer y todo ello bombardeado por mil y por tantos minutos de conexión y la nula desconexión para respirar y pensar. No queda lugar para el pensamiento. De eso se trata.
Entonces solo queda la acción. El impulso. Y todos sabemos que impulso más adolescencia es igual a problema.
En el instituto de mis hijos les dan charlas, tienen equipo de mediación, hacen encuestas para ellos y para las familias, tienen planes y aulas de convivencia… pero a mí me da la impresión de que eso no cala. Quiero decir, que aunque están muy bien todas esas acciones, sigue habiendo casos de acoso y ciberacoso. Cada vez más.
Mis hijos han tenido móvil con la condición de que sus padres podamos revisarlo sin previo aviso. A mi lo de “su privacidad” a estas alturas ya me trae sin cuidado, son menores y los responsables somos sus padres. No es garantía de éxito, pero es una norma que pretende que se lo piensen 1 segundo antes de darle a “enviar”.
