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TRABAJAR EN LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA: CUANDO ERES EL BICHO RARO QUE SE QUIERE VOLVER A LA PRIVADA
Se habla mucho, y con razón, de lo que cuesta sacar una plaza, pero haces ese esfuerzo porque la recompensa merece la pena, ¿no es así? Pues eso pensaba yo, que tras años de estar pringando en trabajos donde me tenían poco menos que explotada o donde no cumplían las condiciones laborales, me até el moño a la cabeza y me metí a estudiar leyes.
A nadie de mi entorno le sorprendió esa decisión, pues le doy mucha importancia a los derechos sociales y siempre he defendido los trabajos de jornada continua de mañana; de hecho, creí que estaba invirtiendo en una gran oportunidad. Además, gran parte de mi familia es o ha sido funcionario en el Estado, Comunidades Autónomas varias y de distintos puestos como Administrativo, Veterinario… lo que me dio una idea aproximada de hacia donde poner el esfuerzo que iba a hacer. Para más inri, contagié a mi novio de la locura opositora y con esfuerzo y mucha dedicación dedicación (él no trabajaba), aprobó con plaza casi a la primera en un muy buen sitio donde puedo decir que le encanta su trabajo.
¿Cuándo se torció todo? Si me lo preguntáis, creo que fue cuando conseguí un trabajo en una empresa privada que me ofrecía horario intensivo de mañanas durante todo el año y estaba bastante cerca de casa. Vivimos en las periferias de una conocida ciudad muy poblada, los tiempos de transporte importan bastante. En ese trabajo, que tenía tantas cosas buenas como malas y en el que entré opositando y sacando mi primera plaza de interina aprendí muchísimo. El trabajo era duro, el ambiente era horrible, había mucho trabajo, muchos casos de acoso laboral que yo misma sufrí durante 9 meses antes de iniciar mi periplo en la Administración, situaciones tan surrealistas que más de una vez me he planteado enviaros para que os echéis a llorar o a reir. A la vez, me encantaba que todos los días fuera un reto intelectual y la caña que había que meterle al trabajo, pro no hablar de la cercanía y el horario. Más de una vez medité si seguir opositando, pero luego me engañaban con el contrato, evitaban pagarme los desplazamientos, un montón de cosas, y volvía a estudiar más. También ahí descubrí un área de especialización que me gustó y de la que me saqué mi segundo máster, opositando.
Cuando entré en las bolsas de interinidad y me ofrecieron un contrato temporal de 3 años no me lo pensé mucho, di el preaviso sintiéndome menos bien de lo que esperaba, y entré en mi destino. No sé qué clase de expectativas tenía yo en la cabeza, pero mi sorpresa fue mayúscula, y no para bien. Se supone que me iban a formar (sorpresa, me busqué la vida), que iba a estar con gente (mis 35 h semanales todo el rato sola), y lo peor, la poca carga laboral. Al principio, decidí darme tiempo para ver si la cosa mejoraba, pero no lo hacía. A día de hoy puedo decir que me pagaron por sacarme mi segundo máster en horario laboral, porque en 3 años el día que más ocupada estuve fueron 2 horas, y eso haciendo las cosas muy lentamente.
Decidí estudiar para otra área de mayor interés pensando que mi experiencia sería algo fuera de lo habitual, mis familiares, salvo uno que nunca ha sido muy trabajador, tenían trabajo que les ocupaba gran parte de la jornada laboral, y disfrutaban mucho de los horarios, los días libres… Pues conseguí la plaza donde yo quise. Mi experiencia en la Administración ha sido casi la misma que la primera, cambia que estoy menos sola, pero me muero del aburrimiento y no sé ya en qué ocupar mi tiempo. Claro que hago cosas y pido trabajo, ¡pero que me van a dar si es que no hay! Mi sueldo es muy bueno, más si tenemos en cuenta la carga laboral, mi horario magnífico, la distancia no tanto pero bueno, la soportaría mejor si el ir fuese a servir de algo.
A día de hoy es irónico como la defensora de los derechos sociales se plantea dejar el trabajo donde más derecho tiene para volverse a la empresa privada. No me miréis vosotras también como si estuviera loca, lo haría bien, con una excedencia y a ver que tal el experimento. No sé si el problema lo tiene el trabajo o lo tengo yo, ya que ni mi familia ni mi ahora marido son capaces de entender como podía llevar también un acoso laboral prolongado y tan mal un empleo en la empresa pública. Yo solo sé que a trabajar me arreglo poco y siempre voy de negro a pesar de que no me gustan los colores oscuros porque no tengo ánimo de ponerme nada más colorido, no me arreglo, ya no bajo ni a socializar a la cafetería, a veces me escondo para llorar donde nadie me vea. Ni los días los aprecio ya. Me siento muy perdida con que hacer con mi vida, porque claro, renunciar a una plaza fija porque sí… pero es que mi trabajo me aburre, siento que se me mueren neuronas por minuto porque ni las tareas más “complejas lo son, y yo al final termino muy fatigada de todo, aparte de muy desconectada y desmotivada de todo lo que tenga que ver con mi yo laboral.
¿Qué se puede hacer en esta situación? No lo sé, pero cada vez la veo más insostenible en el tiempo y no quiero alcanzar un punto de no retorno.
