Hola lovers,
Vengo a contarles algo que no puedo hablar con nadie y más que un consejo, necesito sacar y poner en palabras esto que tengo atascado en la garganta y en el corazón.
Hace 20 años tuve una relación de adolescencia, él tenía 17 y yo 16, teníamos un amor lindo y puro, bastante entendimiento a todos los niveles y mucha, mucha pasión! ya que, aunque nunca llegamos a tener sexo coital, teníamos los encuentros más excitantes que jamás volví a tener con nadie.
Pasábamos tardes enteras besándonos en el sillón, moviéndonos como si estuviésemos cogiendo y sintiendo la respiración agitada, los gemidos y los latidos acelerados del otro. Nuestra conexión sexual era tan intensa, que en este momento, mientras escribo esto, recuerdo todo como si fuese ayer y vuelvo a sentir los mismos espasmos que me provocaban nuestros encuentros y se me humedecen las bragas, exactamente igual que hace 20 años.
Tuvimos más o menos ocho meses de relación, nuestro amor de adolescentes era fuerte, hermoso e intenso, pero cuando mi padre se enteró de lo nuestro, enloqueció!
Mi familia siempre fue muy anticuada y según ellos, yo no tenía la edad suficiente para tener novio. Yo estaba muy enamorada de él y por más de que mi padre y mis tías me prohibían verlo y a pesar de las constantes reprimendas e incluso castigos físicos que recibía por no obedecer, siempre volvíamos a encontrarnos en el colegio con la misma ilusión y magia que nos provocaba estar juntos.
Después nuestros ocho meses, cual película de Montescos y Capuletos, mi familia nos separaró a la fuerza y esto empeoró cuando al llegar las vacaciones del 2002 y no tener el pretexto de las clases, vernos nos resultaba sencillamente imposible, porque además, yo tenía el teléfono decomisado así que estaba totalmente incomunicada y vigilada.
Meses después, logramos retomar contacto pero siempre a escondidas y con el miedo por detrás. En ese entonces, claro, ya habíamos dejado la relación.
A partir de ahí nos veíamos esporádicamente y aunque ya no podía pasar nada entre nosotros, nos bastaba vernos y conversar un rato.
Así fueron pasando los años, siempre en contacto, pero sin poder retomar lo nuestro, porque yo me encontraba en una relación o viceversa o ambos, además del miedo a que mi familia no lo aceptara nuevamente conmigo.

Así, en 2016 me casé con un buen hombre, una persona que tras seis años de matrimonio, me hace sentir siempre en casa, alguien con quien he construido vínculos a nivel emocional y financiero, alguien con quien tengo una relación fuerte, amorosa y estable, pero con quien mi vida sexual es nula desde hace muchos años, algo que me frustra y que en días como hoy, cuando tengo mis impulsos sexuales tan fuertes, me enloquece y desespera.
El punto central de esto es que mi amor de adolescencia, al que no veo hace más de ocho años, nunca dejó de tener contacto telefónico conmigo.
Acá quiero aclarar que nuestro contacto siempre se trató de saber cómo estaba el otro y de contarnos una que otra cosa, y aunque él siempre me dejó en claro que a la mínima señal, él daría y dejaría todo por volver conmigo, nunca más pasó nada entre nosotros desde que nos separaron en 2002.
El caso es que últimamente y en días como éste, donde tengo la líbido tan alta y al no contar para nada con mi esposo, pienso en mi primer amor y en nuestros encuentros y de algún modo me satisface recordar lo que teníamos a nivel sexual en aquellos tiempos.
Hace unos días recibí una llamada suya en la que me cuenta que él igual siente que su vida conyugal/sexual está yéndose en picada. Y que, siempre recuerda lo que tenía conmigo, que a pesar del tiempo sus sentimientos por mí no han cambiado y que, como me lo vino repitiendo dosificadamente y sin falta durante estos 20 años, dejaría todo por estar conmigo, sin pensarlo porque para él soy la mujer de su vida.
Honestamente, todo lo que me dice me deja pensando porque siento que la vida con él sería intensidad pura y eso me inquieta y da curiosidad, pero estoy casada y estable en mi relación actual y estoy segura de tener descartado el tema ‘infidelidad’.
Sin embargo la falta de sexo en mi matrimonio, las palabras de mi ex y la espinita de nunca haber consumado lo nuestro, me hacen tambalear la cabeza, el corazón y ahí abajo uff, aún más.