Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Este es mi pequeño homenaje a Alba, con todo mi cariño.
Un día de Marzo mi hija Eva (26 años) ingresaba en un hospital, horas después en la cama de al lado entraba Alba, la misma edad más o menos. Enseguida supe que su diagnóstico era malo, peor que el de Eva. Allí se quedó hecha un ovillo en la cama, con sus calcetines gordos, sin decir palabra, con los ojos cerrados como si durmiera, y su madre en el sillón, tragando su dolor.
Poco a poco Eva y Alba fueron hablando, Alba salió de su letargo y mantenían largas conversaciones. Su madre y yo hablábamos algo, pero casi siempre estábamos inmersas en nuestros pensamientos.
El mismo día salimos del hospital, pero siguieron en contacto y coincidieron también en los análisis unos días después. Coincidieron en cada sesión, nunca ya en la misma habitación, pero se buscaban. Ninguna tenía ya la larga y abundante melena del primer día. Pero un día una maravillosa noticia, el diagnóstico de Alba no era tan malo, era operable y con grandes posibilidades de éxito. Nos alegramos tanto!!!
Pasaron los meses. El último día me encontré con su madre en la puerta del hospital, estaba contenta, ya tenían fecha para la operación y las expectativas muy buenas. Nos abrazamos y las dos lloramos, de emoción, de alegría, la pesadilla iba llegando a su fin para las dos.
La operación fue bien, pero luego llegó el silencio, no contestar a los wasaps… era extraño.
Un día a las dos de la mañana oí el wasap, era Eva y un mensaje. «Alba está muerta»
No lo olvidamos aunque nos conocíamos desde hace solo unos meses, es muy doloroso. No puedo ni imaginar por lo que está pasando su madre.
Un beso al cielo y un beso muy grande a tí, madre de Alba. Ella nunca se irá de nuestras vidas
