Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
UNA CONOCIDA QUIERE QUEDAR DESPUÉS DE SIETE AÑOS SIN CASI CONTACTO. ME HUELO A ENCERRONA
Las personas evolucionamos. Cambiamos de carácter, de hábitos, de gustos. Y de la misma manera, evolucionan nuestras relaciones. En general, y salvo escasas excepciones, no mantenemos las amistades de cuando éramos pequeños.
A lo largo de los años, vamos conociendo a gente que se queda en nuestras vidas por temporadas más o menos cortas y otras que se quedan por siempre. Y no hace falta que haya ninguna desgracia por en medio para que una relación se acabe
Quizás, hoy te parece que con tus dos compañeras de facultad vas a muerte por siempre jamás, pero resulta que, con el paso de los años, dejáis de quedar, por obligaciones laborales, familiares o porque has cambiado de lugar de residencia. Y al final, se pierde el contacto. Y no es ningún drama. Es natural. No toda la gente que conoces a lo largo de tu vida se va a quedar en ella para siempre.
Yo, hace siete años, trabajaba en una empresa farmacéutica. Llevaba trabajando allí doce años. En varios proyectos, trabajaba codo con codo con la que era mi compañera por aquel entonces. Pasábamos muchas horas juntas y formábamos un muy buen equipo. Éramos unas currantas natas y nuestros jefes nos tenían en muy buen concepto. Nos llevábamos bien y, al pasar tanto tiempo juntas, pues se creó un vínculo estrecho, favoreciendo que fuera de la jornada laboral, también quedásemos. Incluso hicimos alguna que otra escapadita de fin de semana juntas. Y cuando me casé, no dudé en invitarla a la boda, junto con su novio, ya que siempre bromeábamos, aunque era totalmente cierto, con el hecho de que pasábamos más tiempo la una con la otra que con nuestras respectivas parejas.
Después de casarme, pasé por una temporada complicada, debido a problemas familiares y de salud, y el médico, entre otras cosas, me recomendó rebajar mis niveles de estrés. Y creedme que, trabajando en la industria farmacéutica, los niveles de estrés son siempre muy elevados. Así que, después de evaluar los pros y los contras con mi marido, decidí cambiar de trabajo.
Aunque me supo mal dejar a mi compañera, mi salud me pedía el cambio. Incluso nos fuimos de la ciudad a vivir a un pueblo a cuarenta kilómetros. Al principio, mi antigua compi y yo quedábamos de vez en cuando, pero las citas se fueron espaciando en el tiempo. Ahora teníamos dos vidas muy diferentes, las cuales a veces costaban mucho de encajar.
Y así, hasta el presente, en el que nos felicitamos la Navidad por WhatsApp y poco más. Bueno, hasta el presente. Hasta hoy. Cuando he recibido un audio suyo. (Más que audio parece un podcast, porque dura más de cinco minutos.)
Supongo que no me ha llamado directamente por varios motivos. Que no ignore la llamada. Que sería difícil cortar el hielo directamente. Para preparar el terreno. Qué sé yo.
En fin, me explica que me echa mucho de menos y que tiene muchas ganas de verme. Que sabe que, aunque no quedemos mucho (yo más bien diría que nada), siempre puede contar conmigo. Y me propone quedar porque tiene un mega notición que contarme y que me quiere preguntar algo.
Estoy barajando dos posibilidades. Una, que se casa y que quiere invitarme a su boda. Y/o dos, quiere que le deje la casita que tengo en la playa. Aunque por el tono del podcast, yo diría que es la primera.
Y digo yo: ¿por qué me quiere invitar? ¿Porque yo lo hice? Eran otras circunstancias. Entonces nos veíamos cada día. Había una relación. Ahora hace mucho tiempo que no nos vemos. ¿Es que quiere recuperar la inversión que hizo para mi boda? No le veo sentido. Y tampoco me apetece. Porque, aparte de a ella, no conozco a nadie más. No sé ni siquiera si conoceré al novio, porque no sé si aún está con la misma pareja que yo le conocí.
Y si es que le deje la casa, la verdad… Me parece totalmente inapropiado.
Total, que no sé si darle largas, para que acabe confesando por WhatsApp el motivo de la cita y poder preparar la estrategia mejor. Porque presencialmente me va a costar más excusarme. (Nunca he sido un hacha diciendo que no.) Y aquí estoy, que hace horas que he escuchado el audio y no sé qué hacer.
