Últimamente han salido películas muy interesantes en el cine. Me encanta ir al cine, lo disfruto, es una de las cosas que más me gustan. Cuando era joven era una sibarita en este tema, me iba a la Filmoteca Española todas las semanas a ver los ciclos más raros que os podáis imaginar. Era mi pasión. Con el paso de los años me he ido volviendo menos exigente para este arte y ya me gusta de todo: dramas, historias policíacas, cine de culto, hasta las películas de dibujos animados. De hecho, en los últimos años he desarrollado una pasión especial por estas últimas, las películas para niños me flipan. Supongo que tendrá que ver mi oficio: soy enfermera pediátrica y me vivo rodeada de niños, me gusta hablar con ellos, estar en su mundo y resulta que conocer las películas que ellos ven me ayuda a entenderme mucho mejor con ellos y hablar en su propio lenguaje.
Pero con esta nueva afición también he desarrollado una nueva aversión: las palomitas. Esos deliciosos aperitivos que hacen las delicias de nuestros paladares y nos entretienen tanto, para mí son uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Os voy a contar por qué.
Como os he contado antes, yo soy enfermera pediátrica. Casi siempre trabajo en la zona de urgencias y no hay semana en la que no venga una familia desesperada con un niño que se ha atragantado con algún objeto pequeño y redondo. Y estoy hablando de los que llego a ver, que no son todos, por desgracia, pero prefiero no hablar de ello. Solamente os voy a hablar de los que sí llego a ver y, por suerte, pueden ser ayudados. Quizá estéis pensando “seguramente sean niños que se atraganten con juguetes pequeños” y sí, en la mayoría de los casos se trata de eso, casi siempre juguetes de sus hermanos mayores. Pero hay otros muchos casos en los que los niños que vienen se han atragantado con comida. Claro, pensaréis, con la moda del baby led weaning y eso de darles trozos de comida a bebés de 6 meses es normal. Pero os contaré que no, que esos casos son prácticamente inexistentes: el 80% de los casos que veo en urgencias son atragantamientos por ¡palomitas! Sí, palomitas de maíz infladas y deliciosas. ¿Cómo puede algo tan rico ser tan peligroso? Pues sí que lo es, y mucho.
Las palomitas son pequeñas, duras, se hacen bola, del tamaño perfecto para taponar las vías respiratorias de cualquier pequeñajo. Son muy muy peligrosas y los niños menores de 5 años no deberían comerlas bajo ningún concepto.
Esto podrá parecer una anécdota más de trabajo, si no fuera porque más de una vez y más de dos me he encontrado con estas situaciones y no en mi entorno laboral, sino en un entorno de ocio. Más concretamente, en el cine, viendo películas infantiles. Y, lógicamente, en todos los casos me levanté como alma que lleva el diablo corriendo a hacer las maniobras necesarias a los niños para que expulsaran el cuerpo extraño que se les había atorado. Por suerte, en todos los casos la cosa salió bien. Por ahora.
Pero ya no puedo más. Cada vez que voy al cine y veo una familia con niños con paquetes de palomitas me cojo unos cabreos de aquí te espero. Empiezo a refunfuñar y a decirle a mi pareja que cómo se les ocurre, que si están locos, que si es que no quieren a sus hijos. Mi chico se muere de vergüenza y me dice que por favor me calle, que me van a oír. Y yo es que no puedo, me hierve la sangre, pero es que si no me cabreo y pongo verde a todo el mundo, la otra opción es entrar en pánico y que me dé un ataque de ansiedad. Con lo cual, voy al cine con una angustia insufrible para mí, para mi chico y para el resto de personas de la sala. Así que, con todo el dolor de mi corazón, creo que voy a tener que renunciar a una de las cosas que más me gustan en el mundo. Si lo miro por el lado bueno, volveré a hacerme asidua de la Filmoteca y a verme ciclos de cine sueco sin parar para quitarme el mono cada vez que estrenen una película de Disney.
En fin, que desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos los padres y madres: por favor, no dejéis comer palomitas a vuestros hijos hasta que tengan 6 años. Todos os lo agradeceremos.
