Buenos días.
Ante todo gracias a todas las personas que saquen un huequito en leerme, y dicho esto comienzo con mi desahogo.
Tenía un grupo de «amigos» nos habíamos conocido hace años precisamente en un foro sobre la ciudad de Madrid. Hacíamos quedadas, nos íbamos a recorrer la ciudad, a tardear, a trasnochar… Pasan los años, y obviamente la vida cambia, no se pueden hacer quedadas tan a menudo, el trabajo, la familia, los quehaceres…
Como todos ellos yo también tenía mis responsabilidades, pero siempre era yo quien iniciaba una posible quedada. Primero en grupal, después se lo decía a alguien por si se quería venir, y quien quisiera apuntarse genial…
Pero eran negativas, siempre. Daba igual el tiempo que hubiese pasado.
Siempre se coincidía con responsabilidades.
Nunca insistí, en parte lo entendía. Pero me sentía frustrada.
Teníamos un grupo de whatsapp, ese grupo cada vez estaba más «muerto», llegado el punto en que solo se usaba para mandar las típicas fotitos bonitas de navidad, año nuevo, cumpleaños, o de buenos días, buenas noches, feliz fin de semana…
Por una parte me daban ganas de salir del grupo, ya no le veía el sentido. Parecía como si ya esa «amistad» hubiera pasado a ser una relación… no sé como llamarlo, cibernética pe3ro no lo hacia más que nada por el apego que les tenía o por si yo misma estaba exagerando.
Pues bien, pasa el tiempo, mi vida sigue como siempre. Casa, trabajo; también me tomaba algo con mis compañeras del cole (soy monitora de comedor).
Un Domingo de primavera, un tiempo precioso, temperatura de 25 grados me animo a irme a rastro de Cascorro a pasear y a tomarme una cerveza en uno de esos bares míticos de la Latina.
Me arreglo, salgo, cojo el metro y llego a mi destino.
Me animo a refrescarme antes de darme ese paseo hasta Embajadores y entro en el bar que está justo en la salida del la boca del metro.
Y cual es mi sorpresa que veo al grupo entero, esas personas con las que antes salía, esas personas que me preocupaba por saber de ellos; ahí estaban, todos. Si hubiese visto a 2 o a 3 podía hasta entenderlo, cada cual queda con quien quiera, pero todos… los 7 del grupo; ahí estaban como antiguamente cuando quedábamos, sin maridos, sin carritos de bebe…
Me quedé de piedra, y uno de los chicos se percató de que estaba ahí.
Se acercó y me dijo…
– Hey Diana, vente con nosotros a tomarte algo, vamos a pasear por el rastro; oye, no te lo tomes a mal pero se nos ha olvidado avisarte, lo teníamos en cuenta pero mira que cabeza la nuestra.
No daba crédito, no entendía nada. No sabía el porque de esa desfachatez.
Terminé mi refresco sin acercarme al grupo, y me fui.
Caminé con las lágrimas en los ojos hacia Embajadores, los puestos pasaron por mi vista desapercibidos, llegué a Embajadores y me subí al bus, ahí fue dónde derramé lágrimas como puños.
He de dar un apunte sobre mi personalidad. Soy una persona afable, risueña, cariñosa, se escuchar, tengo empatía, soy sociable…
Llegué a casa, ese día no comí tenía un disgusto que no me cabía en el cuerpo. Por arte de magia ese grupo comenzó a tener vida.
Todos escribían, todos pedían disculpas. Hasta me llamaron en varias ocasiones.
No cogí llamada alguna, me salí del grupo e incluso los bloqueé a todos.
Afortunadamente ninguno de ellos (también había chicas) se acercó a mi casa ni a buscarme al cole.
Pasé una racha mala, los fines de semana era una basura para mí. Solo quería que llegase el Lunes para estar entretenida y los viernes tomar ese café con mis compis del cole.
Y ahora viene mi cambio radical. En el bar donde íbamos a tomar café veíamos a un chico que paraba asiduamente, y nos miraba.
Cual fue mi sorpresa que se arrimó a nosotras y me dijo que le encantaría conocerme, imaginaros mi cara, me subió el calor y los colores a la cara. Mis compañeras estaban alucinadas.
Y acepté tomar algo en plan tranquilo.
Y así se fue fraguando nuestra relación. Poco a poco; comidas, cenas el cine, alguna que otra escapada… pasaba el tiempo y se consolidó la relación.
Quedábamos con las compis y sus maridos.
Gracias a Carlos, (así se llama mi marido) recuperé mi alegría, el me ayudó a salir de ese barapalo que me había llevado con mis supuestos «amigos».
Y para terminar, al cabo del tiempo coincidí con una de las chicas en el centro comercial plaza Norte 2. Me paró, y con cara dura quiso darme 2 besos. La retiré el rostro, y me quiso contar «cotilleos». A lo que la miré y la dije que no quería saber nada, les deseaba lo mejor y que se olvidaran de que algún día me conocieron.
Y fin.
