No te quiero, lo sé, lo siento dentro de mi. Se supone que debo sentir mariposas en el estómago al verte, o al pensar en ti. A mi eso no me pasa ahora.
Al principio de la relación sí me pasaba. Bueno, al principio del principio, porque aún seguimos en los comienzos. Sólo han pasado dos meses y poco, aunque a los dos nos parezca una eternidad. Supongo que dejé de comer porque las mariposas no me dejaban, pensaba en ti veinticuatro horas al día. «¿Me escribirá hoy al salir del trabajo?» O cuando quedaba contigo, cuando aún contábamos las citas, ese día sentía convulsionar todo mi cuerpo. Ahora eso no me pasa. ¿Quiere decir eso que aun no siento amor por ti? No lo sé, la verdad. Me lo he planteado varias veces y no sé contestar a esa pregunta.
Sólo sé que cuando te veo, siento una tranquilidad inmensa. Que se me hace eterno pensar en cuándo será la próxima noche que dormiremos juntos, abrazados, enredados. Que hubo un punto en que no sabía donde terminaba mi cuerpo y empezaba el tuyo. ¡Me pareció tan raro aquel momento! Y te juro que este no es un intento de ser romántica, es que sigo sin entenderlo.
Aquella primera noche, el primer el encuentro al que yo me negaba a llegar más allá de un beso y al final llegamos al final. ¿Por qué fue? Te dije que no quería que vieses mi cuerpo, mi gordura, mis estrías. Siempre me dices que caí en tus garras. Igual sigues pensando que te lo puse a huevo, pero creo que aún no sabes por qué me entregué a ti. Al decirte aquello, a ti no se te ocurrió otra cosa que besarme las estrías, incluso me hiciste pedorretas en la barriga y dijiste que jamás entenderías por qué las tías tenemos tantos complejos. Ahí, en esos besos que regalaste a mi cuerpo acomplejado fue donde caí. Y me dejé llevar. Te di la bienvenida a mi vida y me despedí de todo complejo. Y ahora correteo por la habitación en pelotas y veo en tu mirada cómo me ves a mi. He aprendido a mirarme a través de tus ojos y de la sonrisa que pones al verme.
No sé si lo que siento es amor, igual es pronto. Sólo sé que has traído una paz inmensa a mi vida. No sé lo que durará, pero has hecho que vuelva a renacer en muchos sentidos. No sólo por lo de mi complejo físico. Sólo sé que deseo que te quedes mucho tiempo conmigo, porque me estoy haciendo ilusiones y están quedando muy bonitas.