La cosa es esta yo le dije claramente a mi novio que no quería un perro. No ahora. No en este momento de mi vida. No por trabajo, por rutinas, por responsabilidad y porque ya sé lo que implica tener un animal. Lo hablamos varias veces. Yo no quiero un perro AHORA, él sí
Pues el otro día se fue a dar un paseo por la montaña y volvió… con un perro.
Lo encontré abandonado.
Estaba temblando.
Cómo iba a dejarlo allí.
Pobrecito.
Y me lo planta en la cara con ojitos de pena como si yo fuera Satán si decía que no.
El perro es un amor, muy bueno, muy tranquilo. Me siento fatal porque es evidente que el animal no tiene culpa de nada pero una vocecita que me repite que esto no es casualidad.
Él sabe que yo no quería perro.
Él sabe que si aparece con uno abandonado no hay forma humana de decir devuélvelo.
Él sabe que me muero de pena solo con ver un bicho mojado o solo en la calle.
Y aun así justo justo JUSTO ese día en esa montaña se encuentra un perro sin chip, sin dueño y se lo trae a casa como si fuera un mensaje divino
No sé si me entendéis… pero es que me huele a estrategia.
Que igual fue una coincidencia de la vida. No lo descarto. Pero también sé cómo es él cuando quiere algo. A vosotras que sensación os da.
