Lifestyle

Un tsunani-ni aborrescente, o el drama de ser madre de teenagers

No, no estoy borracha (aún). Me invento las palabras desde que mis hijos dejaron de ser niños y se convirtieron en caras llenas de granos y piernas llenas de pelos. Y no, no son chicos los dos…

Estoy hasta el gorro de hijos. Sí. Y me siento muy bien diciéndolo. Porque, gracias a Dios, ahora existe una corriente alternativa a la supermadre, superenamorada de sus hijos, esos seres maravillosos y angelicales que solo les dan satisfacciones. Desde el mismo día en que nacieron. Todos y cada uno de sus momentos juntos tienen una banda sonora de Frozen. Sus cacas huelen a rosa. 

¡Y una mierda!

No me creo nada, pero nada de nada. Mienten. Me juego la mano y no la pierdo.

Y yo soy una bocazas. Una imbécil que no sabe mentir ni tener la boca cerrada. Porque si lo que tienes que contar no es bueno, lo callas y punto. Pero no, a mí me gusta ser sincera… O gilipollas, vaya usted a saber. Y lo casco todo. Todo lo malo, claro, porque satisfacciones hace unos años que mis niños no me dan ni una no vaya a ser que me acostumbre.

El caso es que tengo a mis dos cachorros en una edad de mierda y les está durando más de lo debido. Y lo tienen todo. ¿Que a qué me refiero? Coged el libro de “El manual del adolescente” y leed cuáles son los errores en los que puede caer. ¿Visto? Bien. Gracias.

¡¡PUES MIS DOS HIJOS CUMPLEN CON TODOS LOS REQUISITOS DEL ADOLESCENTE “ALELAO”!!

No estudian

No trabajan

No colaboran en casa

No hacen su cama

No recogen su ropa sucia del suelo

No respetan la autoridad (paterna, materna, policial, judicial, lo que se os ocurra)

No escuchan

Se creen que saben mucho más que yo y por consiguiente que yo no tengo ni idea.

Piensan que yo JAMÁS he sido joven. Sí, hijo, sí, nací con los 50, las canas y la celulitis ¡No te jode!

Y lo mejor de todo, es que me piden dinero para salir, claro. En esos momentos sí que me entran ganas de darles un abrazo. Y apretar fuerte hasta que se pongan morados y no respiren durante un rato. Que yo matarlos no quiero, pero que se asusten un poco, se crean que he perdido la razón, y por lo menos me tengan un poco de miedo. Me he cansado de hacerles un croquis con el sentido y significado de la palabra respeto y no ha servido de nada. 

Un tsunami lo arrasa todo a su paso. Un NiNi arrasa todo lo que has construido en la familia durante los años precedentes. Dos, ni te cuento. Así que en casa tenemos alerta de TsunaNiNi. Porque no le veo yo solución cuando se despiertan a la hora de comer, para tragar como los pavos y salir a la calle. No a buscar trabajo, sino amigos. Sus iguales. Los otros NiNis que les hacen sentirse a salvo. ¡Qué daño ha hecho la necesidad de pertenencia a un grupo!

Quiero que entiendan que no lo van a tener fácil si no ponen remedio ya. Pero creo que solo me ven mover los labios y que mis palabras no alcanzan su cerebro. 

De su cumpleaños les voy a cambiar la cerradura. Ese día sí que lo vamos a pasar bien. Voy a ir pidiendo presupuesto a los cerrajeros de la zona. Cumplen en primavera los dos. ¡Yupi!

 

@mardelolmoescritora

Compartir:

Login