Hace años, tras una enorme crisis existencial, me teñí el pelo de azul, me hice dos piercings más, un tatuaje y me compré una camiseta de colores que hacía años que no lucía.
Un tiempo después, durante el duelo por una amistad rota, me tatué de nuevo…
Alguien me dijo que era demasiado mayor para hacer esas cosas, que sabía de amigas comunes que decían que era muy infantil por mí parte seguir tiñendo mi pelo de colores fantasía y me quedé un par de días reflexionando sobre eso (lo sé, pienso demasiado sobre cosas absurdas, pero qué le voy a hacer).

Para empezar, lo primero que necesito decir es que nadie debería juzgar a nadie por su físico, su aspecto, su estilo… A veces la ropa que llevamos o cómo lucimos el pelo es una forma de expresión más, forma parte de nuestra manera de comunicarnos y de estar en el mundo.
Pero para seguir… De toda la vida hemos asumido como habitual o normal que una mujer se corte el pelo o se ponga mechas tras una ruptura. Es como un acto simbólico de cambio, de renacer, de seguir adelante con su nueva imagen y su nueva realidad.
Quizá podríamos pensar que, además, el paso de los años y las modas nos hayan llevado a cambiar esas mechas por un color fantasía, esa camisa con escote por un tatuaje en una muñeca, ese perfume atrevido por un pendiente en la nariz…
Pero también quiero presentar una opción más. Aunque lo dicho hasta ahora creo que explica perfectamente que tanto yo como cualquier persona no solo pueda, sino que de hecho deba hacer con su cuerpo y su aspecto lo que considere, me parece que es importante pensar en qué le puede pasar a una persona por la cabeza. Esto fue una pregunta que me hizo una jefa que tuve una vez «¿qué lleva a una persona a agujerearse la cara?» Me dijo señalando mis dos piercings en aquel momento mientras acariciaba sus canónicas perlas de las orejas totalmente aprobadas como complemento aceptable.

Pues bien. Es posible que en la gran mayoría de casos sea algo simplemente estético, porque le gusta a la persona que se lo hace, porque le da la gana y punto, pero hay personas que quizá han perdido durante años el control de sus decisiones. Quizá porque han dudado demasiado de sí mismas, quizá había alguien a su lado marcando lo que sí y lo que no. Quizá si cuerpo fue ultrajado alguna vez, quizá perdieron un tiempo el control de lo que pasaba con él y ahora necesitan adueñarse de nuevo. Hay personas que pueden necesitar reivindicar la propiedad de su piel, ser dueñas de sus decisiones y de los lóbulos de sus orejas. Quizá necesiten gritarle al mundo que no necesitan ya su aprobación para seguir adelante.
Todo esto es un «quizá». No quiero con este relato dar a entender que las personas que tienen un estilo más alternativo sean personas traumatizadas. En absoluto. Pero quizá en muchos de estos «arrebatos» que yo tuve en los últimos años en los que me levantaba un día y volvía a casa con más tinta en mi piel, yo sentía la necesidad de gritar, romper cosas, mostrar mi enfado, mi rabia y prefería transformar eso en una pequeña obra que me recuerda cada día que solo yo decido, que sólo mi opinión es 100% válida y que solamente para mí debe tenerme sentido.
Luna Purple.