Tomar la decisión de ponerte en forma es, posiblemente, la quimera más desesperante por la que todas hemos pasado en algún momento de nuestra vida. Las excusas para no ir al gimnasio (o dedicarle al menos un número de horas decentes a la semana) son tan diversas que necesitaría otro post entero para citarlas, así que recurro a la más habitual: “Uf, tiempo, uf dinero, uf pereza” nos repetimos con tono de buzón de voz de Movistar mientras devoramos series de Neox alegremente desde el sofá.

Aquí tienes algunos consejos para sobrevivir a tus primeros días en el matadero moderno más frecuentado a principios de año: el gimnasio.

No voy a entrar en asesoramientos sobre cuáles son los ejercicios más blablablá o cuantas horas semanales se deben blablá porque cada persona es un mundo y cada cuerpo tienes unas u otras necesidades. Hay múltiples opciones en un gimnasio: clases colectivas, musculación, zonas de cardio (la típica zona plagada de cintas para correr que nos enseñan en los anuncios de Special K), pero como primeriza te recomiendo que lo primero que hagas es coger por banda un profesional (el primo petado de tu amiga que ha estudiado para “personal trainer” también vale) que te asesore sobre lo que más te conviene según tu cuerpo, nivel, resistencia, objetivos y más blablá a fin de cuentas.

Estas son unas pautas generales para saber moverte por esta nueva jungla que es el “gym”. De gacela a leona en un post ;)

Atuendo

Hay de todo. Encontrarás tipas que hasta van maquilladas y con ropa deportiva tan fabulosa que podrían salir de entrenar y entrar directamente en un bar de copas sin ducharse siquiera. O el típico combo de “pantalón de chándal + camiseta publicitaria de la pescadería de mi tía Loli”.

Lo más recomendable es que hagas tu propia incursión al Decathlon, donde el presupuesto no se te saldrá de madre porque hay DE TODO. Además, invertir dinero te hará sentir responsable de tu nuevo propósito y te reafirmará en tu decisión de tomártelo en serio.

Tener tu propia sección en el armario dedicada al gym es una especie de obligación primaria, ya que lo de las camisetas en desuso suena tentador, pero siempre perderemos nuestras opciones preferidas de pijamas veraniegos.

Respecto a lo del maquillaje… a no ser que estés escribiendo un reportaje sobre cómo poner a prueba todos tus potis “water resistant” no, no es una buena idea, es más, es una soberana gilipollez ir maquillada al gimnasio.

Me siento en la obligación de hacer una aclaración sobre las camisetas con sujetador deportivo incorporado. Es una buena opción solo si NO ERES PECHUGONA. En el caso contrario no te servirán de mucho, solo para que tus domingas bailen el “bamboleo bambolea” mientras corres en la bici elíptica. La mejor opción es comprarte un par de sujetadores deportivos con los que puedas botar cómodamente (en el gimnasio, pervertida) y camisetas con refuerzo o sin él, según te sientas más cómoda.

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Esto NO Es lo que queremos

Respecto a las partes de abajo la decisión es más sencilla: mallas o pantalones (cortos o largos). Mi sugerencia personal son las mallas corsario, que son de talle alto y reducen vientre. ¡Quedan genial!

 Aunque al principio pienses que esas mallas te hacen el culo feo o esa camiseta te marca la chicha, con el tiempo te sentirás tan cómoda con tus modelitos del gimnasio como con tu outfit predilecto.

Adentrarte en la zona de musculación

La zona de musculación suele estar más petada que un McDonalds 24 horas un viernes a las 4 de la mañana. Posiblemente individuos musculosos, sudorosos y vigorosos se quedarán perplejos ante la presencia de una fémina nueva que ha invadido su territorio. Porque si, desgraciadamente, encontrarás pocas mujeres en proporción a los hombres que hay en esta área (esperemos que después de leer este post, no).

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Además, puede que escuches de vez en cuando algunos gemidos similares a los que emiten las tortugas cuando se aparean, ya que muchos de estos sujetos se flipan sobremanera levantando pesas. Discovery Max ya se ha planteado crear un programa solo para investigar como cojones se puede hacer un ruido tan agonizante a la par que lastimero. Pero a ti que no te de palo coger tus mancuernitas de dos kilos y hacer ejercicio en mitad de esa manada de colosos de rodas, en un gimnasio nadie es más o menos capaz de nada por la envergadura de sus bíceps. Así que a entrenar sin dilaciones… y a disfrutar de las vistas, ya de paso ;).

La sincronía inédita de las clases colectivas

Hoy en día los gimnasios ofrecen mucha variedad de actividades aeróbicas colectivas: aerobic, aerobic latino, zumba, sh’bam (no, no es un tipo de comida tailandesa) … suenan divertidas, pero asomas el morro por la clase y te asusta ver lo sincronizado que va todo el mundo bajo las pautas de un monitor o monitora con complejo de Beyoncé. Y puede que no te atrevas a entrar porque tu coordinación es comparable a la de un elefante en una cacharrería. ERROR. No hay nada más divertido que hacer ejercicio bailando, aunque la imagen que se proyecte desde fuera sea tan maravillosa como un spot de las burbujas de Freixenet, ¡anímate!

Los olores del vestuario

No hay nada como pegarte un duchazo después de sudar la gota gorda. Sin embargo, los vestuarios femeninos, según el día, son la delicia o la pesadilla de las pituitarias terrenales: la mezcla de olores de colonias, desodorantes, cremas, geles y derivados es comparable al efecto producido por una horda de dependientas de perfumería metiéndote muestras de perfume por las narices. Si eres sensible a los olores probablemente no lo soportes, pero siempre te queda el consuelo de pensar que en el asfixiante microclima de fragancias Axe que flotará en el vestuario contiguo.

No perder tus objetos personales

Pasa. Siempre pasa los primeros días. Es sencillo, muy sencillo, digno de un libro de Teo: solo tienes que llevar una toalla y una botella de agua. Pues bien, es pasar de la bicicleta estática a esa máquina que parece un instrumento de tortura medieval y ya se te olvida una de las dos cosas. Y luego la buscas con cara de agapornis, repasando mentalmente todas las máquinas que has visitado a lo largo de tu dura jornada. Perderás unas cuantas botellas y tu toalla aparecerá revoleada y triste en alguna esquina del gimnasio, pero finalmente aprenderá a llevarlas contigo como si de tu iphone 6 nuevo se trataran.

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La desmotivación de los primeros días

Las agujetas de los primeros días son tentativas estupendas para desistir de tu misión. Posiblemente tengas que autodedicarte discursos que ni Máximo Décimo Meridio para motivarte a ir si cuando eres primeriza. Pero NO TE RINDAS, forra tu cuarto con  post-its ridículos con frasecitas rollo “You can”, conviértete en aspirante a la Casablanca con eslóganes con chicha, auto prémiate con lo que más te mole después de una sesión de ejercicio… ¡lo que sea!. Porque, aunque no lo parezca, con el tiempo ir al gimnasio no te parecerá un calvario y tu cuerpo te pedirá hacer ejercicio. Sí, no es un mito, servidora lo ha experimentado… ¡pero nadie dijo que fuera fácil crear un hábito! así que no dejes que nada te pare, prueba diferentes métodos hasta

Pedir ayuda para realizar un ejercicio

Al principio te sientes inútil porque todo el mundo parece saber lo que está haciendo, a que cacharros dirigirse, que acrobacias ejecutar… y tú no tienes ni pajolera idea de qué hacer con tu cuerpo moreno, a excepción de un par de vídeos que has ojeado en instagram antes de salir (protagonizados por perfectísimas individuas de abdominales férreos). Pero hay vida más allá de las “squats for perfect booty” y en cualquier caso debes aprender a realizar los ejercicios correctamente, que luego vienen las lesiones gilipollescas (si, servidora también se ha lesionado con tonterías). Nadie nace sabiendo, así que no dudes en preguntar al monitor o monitora de turno que esté pululando por la sala, los reconocerás por su atuendo y porque parecen bellos modelos de barbies o kenes. No muerden, acércate y pregunta, están dispuestos a atenderte como buenos profesionales que son (y humanos, aunque no lo parezcan…). un buen asesoramiento es clave para no escogorciarte viva la primera semana.

La satisfacción a medio plazo

Al principio te creerás que no, que todo ese compendio de agujetas, sudor y lágrimas no servirán para nada, que esto no es lo tuyo, que no ves resultados, que nunca llegarás a acostumbrarte. Pero si eres constante, y consciente de que cada cosa llega a su tiempo, notarás los resultados. Y el día que menos te lo esperes, notarás que esa grasilla colgandera del brazo menguará un poquito, o te palparás el booty y quedarás anonadada porque parece más duro que antes… lo que no podemos pretender es que los cambios en nuestros cuerpos se produzcan de inmediato, el primer mes es para acostumbrarlo a un hábito nuevo que nos va a beneficiar en muchos ámbitos diferentes.

Lo primordial es entender que lo haces por tu salud, por divertirte, por supérate a ti misma y descargar tensiones. Y, aunque ahora mismo te suene a cuento chino… si, llegará el día en el que vayas al gimnasio para disfrutar.

Autor: Clara Rivera

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