Te ofrezco mis manos para que construyas tus sueños a medida.
Te doy mis ojos para que comprendas hasta donde llegaré por ti.
Si lo necesitas, te subo a mi espalda, para que pilles perspectiva y entiendas que algún día tus piernas te llevarán lejos. Sortearás obstáculos que te harán daño para después sentirte más fuerte.

Un día estarás preparada para comerte el mundo, el mundo también comerá parte de ti y sabrás que no siempre se gana, pero nunca está todo perdido.
Aprenderás a estar sola, y lo disfrutarás muchas veces, sabiendo que siempre estamos contigo.

Te indignará el mundo y la intolerancia, la desigualdad, la marginación. Porque nos ocuparemos de enseñarte valores básicos que te hagan cojear lo justo en esta vida.
Un día volarás, dejando el nido vacío de ti, pero lleno de un amor que nos prestaste cada día. Llorarás de rabia, de dolor, de incomprensión y siempre te ofreceré el lugar que te corresponde entre mis brazos.

Volverás a casa algún día con amores pasajeros y otros eternos, intentaremos estar a la altura de tus decisiones, aconsejando impertinentes o precavidos. Pero siempre desde el amor absoluto a tu persona.

Te enfadarás con nosotros, te daremos la razón si la llevas, y si no debatiremos. Respaldaremos tu vida, con uñas y dientes.
Un día verás que ya no somos ágiles, y cada día menos cuerdos. Puntualmente sentirás nostalgia de días pasados, a veces te frustrarás indignándote por el paso irremediable del tiempo.

Seguiremos cuidando de ti cuando tal vez ya no haga falta, y acunaremos a tus hijos si llegado el momento decides tenerlos. Reviviremos tu infancia con ellos, tal vez saboreemos más los pequeños momentos, dándole la importancia que en el pasado no pudimos por falta de tiempo.
Y un día nos iremos. Y cuando llegue ese día, enorgullécete leyendo esto.

Eres la mejor hija que podemos tener, y la mejor persona que podíamos soñar.

Lady Apego