Si algo tengo claro es que en esta vida estamos de paso y que hemos venido a disfrutar, no a pasarlo mal. Partiendo de esa base, yo vivo la vida: viajo cuando puedo, me compro ropa, salgo a cenar, al cine y, además, tengo dos hijos.

Mucha gente se pregunta cómo lo hago, si mi marido o yo tendremos un sueldazo, si mis padres son ricos y me dan dinero, o si me ha tocado la lotería y me lo he callado. Pues ninguna de las anteriores. Mi truco para vivir bien es no ahorrar.

Sí, así de simple. No ahorro. Y no porque no crea en el ahorro como concepto, me parece estupendo que otras personas lo hagan, pero personalmente no lo necesito para sentirme segura. Yo prefiero disfrutar de la vida ahora, sin la presión constante de tener que acumular un colchón de miles de euros que me garantice una vejez tranquila, porque, sinceramente, quién sabe lo que pasará mañana, igual no llego a vieja.

Como ya os he dicho, no tengo un sueldazo. He sobrevivido muchos años con trabajos precarios y mi marido tiene un puesto de responsabilidad en su empresa, pero con una nómina normalita. Somos personas normales, de clase media.  

La diferencia está en la mentalidad: mientras algunas personas piensan en ahorrar cada céntimo por si ocurre una emergencia, yo me permito disfrutar de lo que gano.

¿Mis trucos? Por supuesto, no me voy de viaje cada semana ni compro ropa de marca. Hacemos un buen viaje una vez al año, mi ropa es de Primark y de Shein y mis muebles de Ikea. Pero el mayor truco de todos es que vivimos de alquiler.

Ni en el mejor de nuestros sueños se nos ocurriría comprar una vivienda. No podríamos ahorrar ni en tres vidas el dinero para una entrada de un piso, más los gastos que conlleva. Me encantaría ser propietaria, pero como lo veo imposible, prefiero seguir de alquiler y ese dinero que tendría que guardar para un piso, gastármelo en lo que me de la gana.

Tengo muchas amigas agobiadas con la hipoteca o ahorrando para meterse en una y me parece de locos. Las ves a ellas, con unos ahorros de cincuenta o sesenta mil euros, angustiadas porque no llegan a fin de mes, o eso dicen. Trabajan muchísimo y no se dan ni un capricho. La mitad de su sueldo lo destinan a ahorrar para, algún día, comprarse un piso, y si un mes les viene un gasto imprevisto se desesperan porque, supuestamente, no tienen dinero para afrontarlo.

¡Ay, amiga! Si tener sesenta mil euros en el banco es no tener dinero, entonces yo estoy en la bancarrota total, porque mis ahorros son una cifra redonda: 0 euros. Pero, ¿sabes qué? Yo no me paso el día quejándome, afronto mis deudas como puedo. Y tampoco me siento frustrada por no tener ese famoso colchón económico. Porque al final del día, ese dinero lo tienen ahí guardado como un tesoro intocable que ni ellas mismas lo disfrutan.

Ellas viven con miedo de gastar. Yo, en cambio, vivo con alegría de disfrutar.

Tampoco me permito deudas monstruosas ni vivo por encima de mis posibilidades. Lo de que tengo 0 euros en el banco es una exageración. No tengo 0 euros, tengo algo, pero lo justo para poder pagar una reparación del coche que se te estropea de repente, o si tengo que comprar ropa para mis hijos porque han dado un estirón repentino y se les ha quedado todo pequeño.

¿Y mis hijos? ¿Qué pasa con ellos? ¿Esas pobres criaturitas estarán pasando penurias con una mamá tan derrochadora?

Con el tema de mis hijos es con lo que la gente más se asombra: “¿Cómo puedes tener hijos y no ahorrar? ¡Es una irresponsabilidad!”. Pues lo siento, pero no lo veo así. Mis hijos no necesitan que yo tenga un fondo de emergencia de un dineral; lo que necesitan es que les ofrezca tiempo, amor y momentos que recordarán el resto de sus vidas. ¿De qué sirve estar todo el día trabajando y tener mucho dinero en el banco si luego no los llevas al parque, no te vas de vacaciones en familia o no les compras ese juguete que tanto desean porque hay que ahorrar?

Mis hijos están bien alimentados, comen de todo, tienen todo lo que necesitan y no les falta amor. Y no me preocupa si no tienen una cuenta de ahorros a su nombre. No les estoy enseñando que el dinero es lo más importante en la vida, sino que lo importante es disfrutar del presente y de nuestros seres queridos. Y eso, a largo plazo, vale mucho más que cualquier cantidad de euros en el banco. Es mi opinión.

Yo estoy llenando a mis hijos de experiencias, de viajes y de vivencias. Son niños felices. Han ido ya a más parques de atracciones que yo en toda mi infancia. Yo hago lo que creo que es mejor para ellos. Y puede que cuando sean adultos me echen cosas en cara, porque por muy bien que creas que lo estas haciendo, puede que tu hijo el día de mañana piense lo contrario. A lo mejor les hubiera gustado viajar menos, pero vivir en una casa más lujosa. No lo sé.

Puede que dentro de veinte años me arrepienta de no haber ahorrado como una hormiguita. Puede que tenga que pedir ayuda, o que las cosas se pongan difíciles. Pero, sinceramente, prefiero no vivir pensando en lo que pueda pasar. He visto a demasiada gente guardando cada céntimo por miedo a lo que pueda pasar, y al final, lo único que consiguen es perderse los pequeños placeres de la vida.

Así que, mientras pueda, seguiré viviendo como vivo ahora: disfrutando del presente, del aquí y del ahora, sin pensar en cuánto dinero tengo o cuánto debería ahorrar. Porque la vida es demasiado corta como para pasársela guardando cada céntimo. Y cuando miro a mi alrededor y veo a mis amigas preocupadas por su saldo del banco, me doy cuenta de lo afortunada que soy por no cargar con ese peso en los hombros.

Sé que mucha gente no aprueba mi estilo de vida, y que me van a caer críticas por todos lados, pero creo que ahorrar no va conmigo. En fin, que si alguna vez me ves tomando una copa en una terraza o comprando un vuelo para mi próximo viaje, ya sabes la respuesta: no es que tenga dinero, es que no lo ahorro.