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  • Sex & Love

    Cómo dejar de obsesionarte cuando no te contestan

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    He tenido un momento “Memento”. De repente y sin previo aviso he recordado de mi primer año de universidad. Una joven e inexperta Marina conocía el mundo de la fiesta Salmantina, del ligoteo y de las rayadas mentales. No culparé a los mareadores con los que me topé por el camino, porque pensándolo en frío he llegado a la conclusión de que estaban peor que yo, pero anda que no me pasé horas debatiendo un pantallazo con mis amigos y dándole vueltas a un simple “ok”. No regrets. Por aquel entonces no conocía WeLoversize, así que mi estrategia para superar todo el rollo de “no es amor, es una obsesión” fue tirar de cerveza y amigos que estaban pasando por lo mismo.  Aquello sí que era el Escuadrón Suicida.

    Aunque no me di cuenta en su día, las hostias que me llevé me enseñaron mucho. Aprendí que si yo no me quería, nadie sería capaz de llenar ese vacío. Aprendí que preocupándome por lo que iba a pasar en el futuro, no disfrutaba del momento. Aprendí que mis inseguridades no me hacían débil. Aprendí a seguir aprendiendo.

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    Como tengo complejo de Yoda he decidido resumir todo lo que me ha enseñado el amor en un curso llamado «que no se te vaya la pinza por un ligue».

    Paso número 1. Agarrar al problema por los huevos

    Para solucionar un problema el primer paso es identificarlo y reconocerlo.  Estamos entre colegas, todos hemos comprobado cincuenta veces la hora de conexión de un ligue, no te avergüences.

    Chica conoce a chico. Practican el arte de ligar. Intercambian los teléfonos. Se agregan a Facebook. ¿Y ahora qué?

    • Duermo con el móvil, me acompaña a cagar, es mi nuevo mejor amigo.
    • Si tarda en contestar o no hablamos en todo el día me pongo triste y de mal humor.
    • Siempre me pillo más que la otra persona.
    • Cambio mi forma de ser para gustarle más.
    • Últimamente mi ligue es mi principal o único tema de conversación.
    • He llegado a soñar con mi ligue.
    • A lo largo del día, sobre todo por la noche, le doy vueltas una y otra vez a lo que me ha dicho, lo que estará pensando y lo que puede pasar entre nosotros.
    • Me da pánico que de repente deje de interesarse por mí. No sabría cómo reaccionar.

    ¿Te suena alguna de estas situaciones? Si la respuesta es sí, tal vez estés obsesionándote con tu “crush”.

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    Paso número 2. ¿Por qué te estás obsesionando?

    Cuando entramos en el mercado del ligoteo somos como pajaritos recién nacidos que saltan del nido y aprenden a volar. Ese aprendizaje implica miedo, y si no lo superas con veinte años te tocará lidiar con él cuando tengas treinta. Es ley de vida.

    ¿Qué hay detrás del miedo? Aunque el miedo es algo personal y depende de nuestra historia, normalmente va de la mano de las inseguridades. Durante la adolescencia somos muy susceptibles al rechazo, y las críticas, propias o ajenas, dejan marca. Un ex que intentó convencerte de que no valías nada sin él, un “amigo” que te hundía para sentirse superior o unos padres que siempre te han visto como una niña incapaz de hacer algo sola.

    Cuando crecemos vamos arrastrando el miedo a que todas las críticas se hagan realidad por arte de magia. Permitimos que otros definan quienes somos y convertimos sus frustraciones en nuestras inseguridades. Dejamos nuestra felicidad en manos de personas que justifican las faltas de respeto, los insultos y los reproches con el comodín de “lo hago por tu bien” o “es solo mi opinión”, y cuando por fin conocemos a alguien que de verdad vale la pena nos quedamos paralizados.

    ¿Y si me vuelven a hacer daño? ¿Y si es demasiado bueno para mí? ¿Y si solo quiere un polvo y yo quiero algo más? ¿Y si busca una relación seria y yo no estoy preparada? ¿Y si hace lo mismo con todas? ¿Y si se piensa que hay exclusividad entre los dos? ¿Y si ya no le gusto? ¿Y si le gusto demasiado? Y al final, entre tanto y si, perdemos el tiempo… Perdemos la vida.

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    Paso número 3. Hay vida más allá de las rayadas mentales

    • ¿Tiene sentido preocuparme tanto?

    Las pajas mentales son como un columpio, te mantienen entretenido pero no llevan a ninguna parte. El problema es que huir de ellas no es tan fácil como decir “jo tía, no te rayes”. Primero hay que preguntarse hasta qué punto tiene sentido seguir pensando así, ser críticos con nosotros mismos y no pecar ni de catastrofistas ni ser demasiado Mr. Wonderful.

    Asume que nunca podrás tener el control total de la situación, que jamás sabrás todo lo que piensa una persona sobre ti, y que la incertidumbre siempre será parte de tu vida. Sí, es imposible cambiar todo aquello que te acojona del amor, pero puedes cambiar tu forma de verlo.

    • La comunicación, esa gran desconocida

    Si quieres conocer las intenciones de tu ligue, pregúntale. Nos da pánico parecer vulnerables porque creemos que es un síntoma de cobardía, pero los valientes de verdad caminan incluso cuando les tiemblan las piernas.

    • Soltería, divino tesoro

    A veces lo mejor es aprender a estar solo. Centrarte en ti, con el apoyo de tu familia y de tus amigos, y poco a poco recuperar tu autoestima. La clave es tomarte el tiempo necesario para comprender que tú eres la única persona que siempre va a estar para hacerte feliz.

    Cuando solapamos relaciones por miedo a la soledad, estamos recogiendo pan para hoy y hambre para mañana. No digo que te quedes forever alone por los siglos de los siglos y amén, pero sí deberías empezar a conocerte a ti mismo cuanto antes. Si pones toda tu vida, tu felicidad, tus gustos y tu personalidad en manos de otra persona, es imposible descubrir quién eres.

    • Trabajar tu autoestima

    Acepta tus defectos, reconoce tus complejos y perdona tus fracasos. La inseguridad es solo una forma de exteriorizar nuestro miedo a no ser perfectos, pero olvidamos que la perfección que tanto deseamos es algo que nos impone la sociedad para que seamos personas dóciles, inseguras y acomplejadas. Habrá días de mierda porque caer es inevitable, pero levantarse es obligatorio.

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    • Si tú sabes quién eres, no tendrás que demostrar nada a nadie

    Es agotador vivir por y para las opiniones ajenas, permitiendo que los demás definan quienes somos y dependiendo de sus “me gusta” para gustarnos a nosotros mismos.

    Conoce al amor de tu vida, conócete a ti mismo. Mírate en el espejo como si fueses el último donut de chocolate, ponte una comedia romántica mala cuando tengas un día de mierda, pon a tope esa canción que de verdad te anima cuando estás de bajón. Tú eres tu media naranja, que no te engañen.

    A veces creerás que sabes todo sobre ti, pero a la hora de la verdad nunca nos paramos a reflexionar sobre nuestros sentimientos, sobre lo que somos capaces, nuestras limitaciones y nuestra actitud. Cuando descubras quién eres de verdad no necesitarás que nadie te defina.

    • Los psicólogos no nos comemos a nadie

    Como diría Bustamante, no somos Superman. Si necesitas ayuda, pídela, pero no esperes a que la situación se vuelve grave e insostenible. Cuando nos duele la cabeza vamos al médico de cabecera, ¿por qué no ir a un psicólogo cuando lo que nos “falla” es la mente?

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    Imagen de portada de Unsplash y frase de Quino.

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Marina Pinilla

    Escribo sobre psicología por amor al arte y a la ciencia, no necesariamente en ese orden.

    

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